martes, 13 de marzo de 2012

NORUZ: Año Nuevo en Irán

ELIZABETH SALOMÓN
(Publicado en boletín ACIA, número 13, mayo-junio de 2008)

Una de las fiestas más grandes en Irán es el Nowruz o Noruz, el año nuevo. Como el calendario iraní es solar, el año, así como el Noruz, siempre comienza el primer día de primavera, en el momento exacto del equinoccio. Esto significa que cada vez comienza en un momento diferente de nuestro calendario.

Noruz significa literalmente ‘nuevo día’ en persa. Esta fiesta tiene al menos 25 siglos de antigüedad. Sus raíces parecen remontarse al culto Mesopotámico de Tamuz, dios de la fertilidad, quien moría y resucitaba cada año y directamente relacionada con el inicio de la primavera.Las festividades son antecedidas por semanas de preparación. Cada quien limpia su casa a conciencia, hace las compras correspondientes y cocina repostería tradicional. Incluso se cuelgan pancartas y otros
letreros en las calles para anunciar que viene el año nuevo. Los iraníes creen que con la llegada del año se debe que renovar todo lo posible, desde los utensilios de hogar hasta la ropa que uno lleva; por lo que en los días anteriores a la fiesta, aumentan las ventas de zapaterías y boutiques, quienes tienen menos recursos, elaboran su propia ropa, utensilios y regalos.

El Noruz se sigue festejando de forma tradicional. La mayoría de los negocios cierran y las calles se vacían. En el momento del cambio del año solar las familias se reúnen alrededor de la Mesa de Noruz, en la que está puesto el preparativo ceremonial llamado ’haftseen’ (siete letras S); el cual consiste en siete símbolos cuyo nombre comienza con el sonido ‘s’ y que se exhiben con otros objetos simbólicos como un espejo, huevos coloreados, un pez dorado en su pecera, flores y bandejas con hierba recién brotada. Los objetos representan la salud, renovación, prosperidad, fertilidad y los usuales deseos universales de la gente al inicio de cualquier año nuevo. A los niños se regalan ‘eidi’ (presentes confeccionados con billetes), se rocía a los comensales con agua de rosas y se sirven innumerables dulces. Así lo conmemoran incluso los iraníes que viven en el extranjero.
Durante los doce días siguientes al Noruz la gente visita a los parientes y amigos, siempre comenzando con los de mayor edad. Se procura tener un buen comportamiento, pues se piensa que lo que se ha hecho durante Noruz permanecerá el resto del año. Otra de las costumbres es encender fogatas en las calles y brincar sobre ellas. El día 13, para evitar la mala suerte asociada con ese número, las personas salen a la calle y realizan días de campo o fiestas.

Respecto a este año, el pasado miércoles 21 de marzo a las 03:37 hrs. comenzó el día 1º del mes Farvardín del año 1386, según horario y cronología iraní; iniciando así el Noruz una fiesta que, además de en Irán, se celebra en Afganistán, Asia Central, Azerbaiyán, partes de Pakistán e India y entre los Kurdos.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Festejando a Erin

Juan Antonio Yáñez


El pasado sábado 22 de octubre fui a las oficinas de la Fundación Japón en Tokio y tuve la oportunidad de asisitir a la presentación oficial del sitio web del método de enseñanza Erin ga Chosen ( エリンが挑戦 ).

Es posible que muchos de los lectores del Blog del Boletín ACIA ya estén familiarizados con esta serie. Para los que no, me atreveré a decir que Erin ga Chosen es, si no el primero, sí el más temerario esfuerzo por dar a la enseñanza del japonés un giro que promete nuevos retos para estudiantes y maestros de todo el mundo.

Y es que desde que uno echa un vistazo al índice de los tres tomos, resalta una característuca central: la adecuación en la forma gramatical fue hecha a un lado, para centrar los objetivos en la comunicación. En otras palabras, un objetivo central es desarrollar habilidades comunicativas en diferentes contextos, o utilizando la jerga de la etnografía lingüística, en diferentes situaciones de habla.

Así, una charla entre amigos, un pedido en un restaurante, una autopresentación, son situaciones donde, para lograr una comunicación efectiva, se requiere de 1) habilidades lingüísticas básicas, y 2) conocimiento de la situación y, en general, de la cultura japonesa. Así, el dónde, el con quién, y el cómo de la comunicación diaria en japonés, son rubros que Erin ga Chosen busca abarcar en sus diferentes secciones, las cuales, dicho sea de paso, ahora pueden ser revisadas via internet.

Un dato interesante es que el formato de Erin ga Chosen surgió de una encuesta previa que se realizó en distintas escuelas de japonés todo el mundo. De esto surgieron dos características que dan personalidad al proyecto: 1)ubicar las situaciones en un contexto de estudiantes de preparatoria. 2) utilizar a una linda mujer como la estrella que guía el aprendizaje.

Es así como surgió Erin, una linda estudiante de intercambio, se esfuerza día con día por aprender la lengua y la cultura de Japón. En ese proceso, Erin requiere de una autoridad que la guíe y la evalue. Al desechar la posibilidad de otorgar ese papel del profesor a un actor de carne y hueso, fue que nació Honygon (o como mis estudiantes lo bautizaron: la pera).
Honygon, aunque amorfo, carga con la importante labor de retroalimentar, dar orden y estructura a las enunciaciones de Erin. También lo hará con quien se preste a visitar el nuevo sitio web. Ahí uno podrá encontrar, además de la versión multimedia de los contenidos de los libros, muchas otras actividades encaminadas hacia un aprendizaje interactivo. Lengua y cultura, cultura e imágenes, símbolos, objetos y acciones. Todo eso es posible encontrar en diferentes formatos de imágenes, video, sonido, textos y juegos. Además de todo, un plus con el que cuenta este sitio es la sección dedicada a que el usuario evalúe su propio avance.

Para finalizar, si me preguntaran sobre mis impresiones después del evento, mi opinión se podría dividir en dos:

1) En cuanto al sitio web, creo que los autores apuntan a sacar el máximo provecho de la tecnología y eso siempre será bueno, no obstante, aquello también requiere de una buena carga de orden y diciplina para lograr el autoaprendizaje.

2) En cuanto al método en general, me parece un proyecto interesante y valiente. Tardará algunos años en mostrar su efectividad. Empero, el éxito o fracaso del proyecto, también depende de otros factores externos que deben de ser evaluados desde un principio. Con esto me refiero a situaciones como a) la recepción que haya hacia este método por parte de profesores que tal vez llevan años enseñando bajo una perspectiva distinta; b) la adecuación o no-adecuación de los contenidos dentro de los programas de estudio que ya existen en las escuelas de japonés. Esto último es a mi juicio el verdadero reto Erin. Ya en otra ocasión tocaré más a fondo el tema. Por lo pronto, aquí está el sitio web. Los invito a que lo conozcan y saquen sus propias conclusiones.

. https://www.erin.ne.jp/jp/

viernes, 7 de octubre de 2011

AI DONT SPIKU INGURISHU

Juan Antonio Yáñez (desde Japón)


Inaugurando una nueva modalidad, esta vez no tengo ninguna investigación documental. Simplemente quiero compartir una experiencia durante mi estancia de entrenamiento en Japón.

La semana pasada estaba con varios de mis compañeros sentado junto a las puertas del templo Hachimangu en la ciudad de Kamakura, cuando me di cuenta que un grupo de aproximadamente 6 niños nos veía de lejos. Todos vestían ropa similar y usaban la gorra característica de quien va a una excursión. Ellos, sin duda venían hasta este lugar tan turístico en busca de un objetivo, y para mi sorpresa, ese objetivo éramos nosotros. Nosotros, qué digo, bueno... mejor describo lo que a continuación sucedió.

Después de unos minutos de examinarnos desde una distancia prudente, por fin, una niña, la mas valiente del grupo, se acercó titubeante y se lanzó sobre su objetivo. Ella llegó junto a la persona sentada a mi lado, mujer blanca de claros rasgos, si no caucásicos, sí blancos y europeos. Ella disparó a quemarropa: ¨
Hello, my name is Yoko, I come from Gunma. Can I ask you a question?
Oh yes, of course.
What is your name?
My name is Lucy (me reservo la identidad de la víctima)
Where do you come from?
I come for Hungary.
Can you please write your name and your country here?

(ella le dio un cartón donde señalaba los espacios para escribir tal información)

Thank You


A continuación, la niña le dio un papel con su propio nombre y su fotografía, a manera de tarjeta de presentación

Fin del encuentro.

Cuando el resto del pequeño pelotón vio el ejemplo, uno a uno eligieron objetivo y se lanzaron en picada. El primero se abalanzó sobre el pequeño amigo de piel blanca y ojos claros; él, por cierto es chileno. El siguiente se dirigió hacia la elegante profesora de Ucrania. Quedábamos dos con vida y después de unos 30 segundos, fui yo el siguiente objetivo, luego el de Guatemala, y finalmente, mi compañero de Indonesia encontró su turno.

No sé si el pequeño pelotón de Gunma obtuvo lo que buscaba. Pero este pequeño encuentro multicultural a mi juicio dejó ver cómo desde el siglo XIX y hasta la actualidad, Japón, como colectividad, se sigue relacionando con aquello que proviene de afuera.

En este aparentemente inocente diálogo, existe una agenda que si bien no es explícita, sí es fácilmente deducible. Los niños, en su clase de inglés, recibieron una instrucción: Vayan a Kamakura y busquen a algún grupo de “extranjeros” (gaikokujin 外国人). Una vez con ellos, practiquen el siguiente patrón (saludo, auto presentación, permiso, obtención de información, retroalimentación y despedida).

Es notorio que los niños practicaron mucho y cumplieron con la consigna. Ahora, la parte ideológica que hace interesante este episodio está en la forma como eligieron a las personas ideales para tal actividad.

Encontrar a un gaikokujin, requiere una labor de reconocimiento visual en el que se asoman viejas imágenes que por lo visto siguen definido a lo japonés con lo que no lo es.
Ellos desde lejos buscaban elementos semióticos, pistas relacionadas a un concepto viejo y anquilosado: el gaikokujinjin perteneciente al Occidente, por lo tanto blanco y angloparlante. Ahí está... la mujer alta blanca de gran nariz. Luego, el gradiente de tonalidades se fue oscureciendo de manera evidente.

No sé si ellos quedaron satisfechos con lo que obtuvieron de nosotros; pero me atreveré a decir que en el afuera (soto ) del círculo de intimidad japonesa ( es decir, el adentro, uchi ), la lengua que define al soto es el inglés; por tanto, la representación social de un Soto dibuja un ambiguo boceto compuesto por 3 elementos generales raza blanca-idioma inglés-Europa/EU. Lo demás, por eliminación se fue dando.

La ironía en esto es que ahí estábamos, cinco extranjeros de los cuales ninguno es hablante nativo del inglés; sin embargo, no sé si los niños en algún momento hicieron conciencia de ello, o en su defecto asumieron que la extranjeridad por definición trae consigo a la lengua inglesa en la garganta. Por eso y muchas razones, desde entonces me he hecho varias preguntas:

  • Estos niños ¿irán a reprobar por hacer el ejercicio con gente que no es hablante nativo del inglés?
  • Si hubiera estado con nosotros la compañera de Corea, ¿ellos se habrían acercado a entrevistarla?
  • ¿Por qué no la pregunta inicial fue: Excuse me, do you speak English?
  •  ¿Habrán considerado que nosotros tal vez no les entenderíamos?
  • ¿Sus profesores, tendrán la conciencia de que mas allá de los mares, existen cientos de lenguas y que existen muchísimos extranjeros que van a Japón y que en verdad no dominan la lengua inglesa?
  •  (pregunta para lingüistas) ¿Qué opinaría de este encuentro gente como Tove Skutnabb-Kangas?


Al final, supongo que no debo de ser tan radical. La agenda escondida (o mas bien creo que es explícita) del Ministerio de Educación dice que, en un mundo tendiente a la “globalización” el inglés es la lengua elegida para que Japón se relacione con el mundo exterior. Los contraargumentos a esta realidad, se los dejo a los expertos, aunque supongo que los retomaré la próxima vez que alguien en este país me vuelva a contestar en Ingurishu.

viernes, 5 de agosto de 2011

Japón y la bomba a 64 años: entre la memoria colectiva y el olvido social.

Juan Antonio Yáñez

Conferencia presentada en el “64 ANIVERSARIO DE LOS BOMBARDEOS A HIROSHIMA Y NAGASAKI (Dentro del marco de la Marcha Mundial por la No Violencia) Viernes 28 de agosto de 2009 Auditorio “Rosario Castellanos” CELE

Este 2009 se conmemora un año más de la destrucción de Hiroshima y Nagasaki. Como un capítulo negro en la historia de la humanidad, el recuerdo de este evento se mantiene de manera semiótica, en la forma de un hongo que nos cuenta una historia. Es a partir de esto que decidí barajear un par de ideas alrededor de la bomba, pero sobre todo de la guerra y de cómo estos eventos se mantienen en la memoria colectiva (Halbawchs, 2007) del Japón contemporáneo.

El pasado 15 de Agosto, el primer Ministro japonés Taro Aso, participó en la ceremonia conmemorativa del 64 aniversario del fin de la guerra. Parte de su discurso fue el siguiente: Japón causó tremendo daño y sufrimiento a muchos países, especialmente a los de Asia. En representación del pueblo japonés, desde aquí expreso mi arrepentimiento y condolencias por todos los caídos en la guerra. (1)

Sus palabras no pasaron desapercibidas, ya que aunque no es la primera vez, sí rompen con una vieja práctica de conmemoración y recuerdo. Para dar a entender esto, podemos comenzar  viendo a la guerra y la bomba como productos sociales que tienen varios rostros.

En el pensamiento social, su memoria permanece en la medida que se convierten en temas de encuentros, diálogos y ceremonias que cíclicamente los sacan del desván para refrescar la memoria de quienes están interesados en conservarla. 

Desde la mirada que aquí planteo, recordar es un acto que la gente hace en conjunto, a partir de imágenes, conceptos y conocimiento que comparte cada persona con sus pares. La guerra y las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, son en efecto, temas de dominio público. Empero, considerando que en una sociedad pueden haber tantas memorias como grupos que la conforman, estos eventos se convierten  fácilmente en motivos de conflictos en cuanto a qué y cómo se han de recordar.

Como sabemos, la guerra del pacífico se peleó entre 1941 y 1945 entre el Gran Imperio Japonés y las Fuerzas Aliadas. Hoy en día, su recuerdo toma la forma de narraciones con una estructura en la que la destrucción de Hiroshima y Nagasaki es la parte resolutiva de un conflicto central.

Esto es evidente en la narrativa que el historiador norteamercano John Dower (1986) llamó: gracias a Dios está la bomba, que dice así: La guerra en el pacífico fue terrible; sin embargo, las bombas atómicas pusieron fin a la confrontación. Se trató sin duda de una decisión difícil que salvó muchas vidas y evitó mayor sufrimiento ante una invasión inminente al archipiélago japonés.

Esta narración heróica fue y ha sido sostenida por las autoridades norteamericanas al grado de que hoy mismo, todavía mucha gente la da como un sobreentendido.

Por otro lado, existe también la visión de los vencidos: El pueblo japonés fue víctima de la nueva arma atómica, pero sobre todo, del egoísmo de sus autoridades militares que los llevaron a la guerra.

En Japón, la experiencia del bombardeo atómico justificó (por supuesto) esta forma de ver el pasado donde resaltan una actitud pacifista y una imagen mítica de Japón como una víctima. Esto, por supuesto, no tiene nada de malo, y tampoco es un hecho fortuito, considerando que en los 10 años de ocupación después de la derrota, Japón redefinió su identidad como una nación moderna.

Eso requirió de una historia oficial que explicara el pasado reciente. El reto fue entonces crear una nueva narrativa que marcara una distinción en el tiempo entre un pasado contaminado y un nuevo presente; un pasado beligerante y un presente amante de la paz. De esta forma, el asunto del recuerdo pasó a ser parte de una  política de Estado. 

La conmemoración y el recuerdo del pasado, desde entonces fueron estratégicamente selectivos en sus formas y en su lenguaje. Año con año se conmemora el 15 de agosto como Shusenbi (終戦日), o “el fin de la guerra” (mas no la derrota). Igualmente, en los libros de texto se cuidaron mucho las formas descriptivas cuando no se omitieron detalles como el avance de Japón sobre Asia (mas no la invasión) o el incidente de Nanking (mas no la masacre).



La víctima habitó los libros de texto, los documentales de televisión, y pronto apareció en la literatura y el cine. La antropóloga Nahoko Shimazu (2003) señala que una herramienta de la que se valió el sistema educativo para cultivar un sentimiento pacifista entre los jóvenes, fue la literatura que tomó a la bomba atómica de Hiroshima como contexto de historias de victimización. La imagen de la víctima se convirtió así en la piedra angular con la que el japonés promedio aprendió a construir una identidad  nacional amante de la paz.

En una narrativa en donde la bomba cae sobre Japón sin un contexto histórico detrás, la víctima vive tranquila, libre de culpas que sin embargo sus vecinos de Asia reclamaron por años. La responsabilidad, en efecto, no tiene cabida en la imagen idealizada de una víctima; y es ahí donde la contracara de la memoria colectiva se deja ver en el olvido social.

Como mencioné en un principio, en un país existen tantos grupos como narraciones y formas de ver la realidad; de ahí que es preciso señalar que el recuerdo de la guerra y de las bombas atómicas involucró de un acto de coerción en la edición de eventos. Siguiendo la lógica de la víctima, las autoridades conservadoras (del PLD) por años negaron la responsabilidad de Japón en el conflicto armado.  Sin embargo, aún cuando es muy común escuchar sobre la amnesia histórica de Japón, la verdad es que siempre han existido voces que le recuerdan asuntos sin resolver.

Cuando se busca imponer una versión del pasado, ciertos acontecimientos no se narran y se diluyen en el olvido, o por lo menos, eso pretenden quienes tiene el poder y la palabra. Así, asumiendo una identidad pacifista, la guerra difícilmente ha sido un tema para las nuevas generaciones. Sin embargo, como el pensamiento social no es estático ni uniforme, el silencio no pudo ser eterno.

En los años noventas Japón ya no era el mismo por muchas razones. Me reservaré decir que aquel fue un momento en el que frente al antiguo reclamo de responsabilidad, surgieron nuevas actitudes progresistas. Las disculpas por los crímenes de guerra finalmente llegaron en distintos momentos como el que nos muestra el discurso de Taro Aso.

 Con todo ello, también llegaron un nuevo interés de la gente y un renovado reclamo por parte de sectores nacionalistas furiosos. El ejemplo más tangible de esto lo muestra la controversial versión de la guerra en historieta, editada por Yoshinori Kobayashi. Ésta en su momento fue un best seller que revindicó a la historia de la guerra como un tema entre un público joven y sin muchos referentes.

Se trata de una nueva narración del pasado que justificó la guerra como una empresa de liberación de Asia frente al colonialismo occidental, donde la bomba atómica se presentó como un crimen de guerra por parte de los Estados Unidos, y al mismo tiempo, como parte de una campaña ideológica encaminada a moldear a la “víctima” acorde a los intereses norteamericanos. 

De los noventas a la fecha, esta narrativa ha competido con la imagen pacifista de la víctima al presentar a un Japón orgulloso de su pasado beligerante y a la vez displicente y cínico ante su actuar durante la guerra. Sin embargo, a pesar del interés que generó, no se puede afirmar que esta mirada pueda suplir a la vieja narrativa. A final de cuentas, la sociedad japonesa habrá de continuar confrontando versiones y buscando historias alternativas que otorguen significados mas ricos a una sociedad japonesa que se transforma rápidamente.

Para finalizar, diré que en este rápido vistazo a la memoria de la guerra, lo que quiero resaltar es que su recuerdo ocurre en medio de una confrontación constante entre versiones de lo ocurrido. La narrativa de la víctima por años encarnó agenda de los gobiernos de la posguerra para quienes el olvido social garantizó la continuidad de una sociedad más ocupada en construir un nuevo futuro que en revivir un pasado que en muchos sentidos contradecía la nueva fisonomía de la sociedad japonesa.

Entonces, la manera como se recuerda el pasado nunca será un acto neutral. Gracias a la memoria colectiva, la identidad grupal y sus proyectos permanecen; esta es al parecer la única garantía de que el grupo seguirá siendo el mismo. Ese es también, un problema político en medio del cual la identidad nacional japonesa continúa su propia definición.






1. The Japan Times, 16 de Agosto de 2009.


Referencias.
Dower, J. (1986) War without mercy. Race and Power in the Pacific War. New York: Pantheon.
Halbawchs, M.  (2004). Los marcos sociales de la memoria. Barcelona: anthropos.
Shimazu, N. (2003). Popular Representations of the Past. The case of Postwar Japan. Journal of Contemporary History, Jan, 2003, vol. 38, p.p. 101-116



miércoles, 6 de julio de 2011

El canto de los dos García

Juan Antonio Yáñez 

Todos sabemos que ACIA es una escuela muy particular. Uno de nuestros objetivos últimos es alimentar el interés por lo que ocurre en Asia, y más si son eventos que vinculan a nuestro país con las naciones más allá del Océano Pacífico. Buscando las notas deportivas en este sentido, nos encontramos con una agradable coincidencia: LOS DOS GARCÍA están cantando fuerte en Asia. 

Es muy probable que nadie lo sepa, porque la televisión no lo dice. Pero desde hace unos meses, México tiene otra vez, dos representantes que están dando de qué hablar tanto en Japón como en Corea.


Y es que el pasado 7 de junio, el equipo japonés Rakuten Goden Eagles firmó al pelotero mexicano Luis Alfonso García por lo que resta dela temporada 2011, con opción a extender su contrato para el año siguiente.
Este equipo de beisbol, patrocinado por una conocida empresa de internet,  tiene su sede en la ciudad de Sendai y aunque existen grandes expectativas hacia ellos para incidir en el ánimo de la población de la región de Tohoku, tal parece que este año no las han traído todas consigo. Por este motivo, el compromiso de Luis Alfonso es grande, y aunque su inicio fue lento, poco a poco se ha comenzado a ganar la confianza de los aficionados que diario abarrotan el estadio cuyo nombre causaría hilaridad en México: el Kleenex Stadium.


Nombre: Luis Alfonso García
Edad: 33 años
Nació en: Guadalajara, Jalisco
Equipo: Rakuten Golden Eagles
Equipo anterior: Sultanes de Monterrey
Extras: Ha representado a México en torneos mundiales, panamericanos y preolímpicos.
Considerado uno de los bateadores más completos del beisbol profesional mexicano.

Por otro lado, cuando todos pensábamos que su historia en el beisbol de Corea había tenido su punto final, el sonorense Karim García regresó con nuevos bríos a una nueva conquista de la liga coreana. Entusiasmado por la gran experiencia anterior, el jugador mexicano firmó un nuevo contrato por lo que resta de esta campaña. Dejando atrás a su antiguo equipo, Lotte Giants, ahora viste un nuevo uniforme, el de los Hanwha Eagles. Desde su llegada, Karim volvió a acaparar los reflectores de los medios coreanos y ya en el campo de juego, dejó en claro que aún tiene muchas emociones que ofrecer a los entusiastas seguidores de su nuevo hogar adoptivo: la ciudad de  Daejeon.  



Nombre: Gustavo Karim García
Edad: 35 años
Nació en: Ciudad Obregón, Sonora
Equipo: Hanwha Eagles
Equipo anterior: Sultanes de Monterrey
Extras: Jugó con los Yanquis de Nueva York la Serie Mundial del 2003.
En su carrera ha jugado en las ligas mayores, y en las ligas de México, Japón y Corea.

sábado, 18 de junio de 2011

¡Kawaii! Género y poder en la cultura de lo lindo.

Juan Antonio Yáñez

Boletín 16, noviembre-diciembre de 2008


Hace unos años, tras regresar de un viaje a Japón, le regalé a una amiga un llaverito. Su reacción fue más racional que emotiva; nunca pensé que un maldito llavero diera pie a una pregunta para la que apenas encontré una respuesta. ¿Por qué los japoneses tienen tantas de estas cosas? ¿Por qué estas cosas siempre tienen que ser tan “lindas”? Su pregunta me resultó interesante, considerando que la dulzura convertida en mercancía, tal vez sea uno de los principales anzuelos que tiene la cultura japonesa para miles de jóvenes “japonófilos” en todo el mundo.

Cualquiera que haya ido a Japón puede dar razón de la ubicuidad de lo lindo en ese país. Caras tiernas e infantiles adornan las revistas, la dulce voz de una joven anuncia al siguiente bateador, y cangrejitos sonrientes te advierte del peligro de recargarte en la puerta corrediza del tren. De hecho, no es necesario tener nexos con Japón para ser partícipe de la cultura de lo lindo; ya que la podemos encontrar en nuestros lápices, libretas y en nuestros paquetes de hamburguesa y papas.
.
Una posible explicación de los “por qués” de esta faceta de la cultura pop japonesa la aporta Brian Mc Veigh[1] , a partir de los significados sociales que comunica la lindura dentro del tejido social japonés. La postura de este antropólogo norteamericano es radical, ya que encuentra raíces sociopolíticas que se proyectan hasta las formas más banales en las que los japoneses llevan sus relaciones interpersonales. Lo lindo o kawaii, dice Mc Veigh, está en relación estrecha con los sentimientos entre los miembros de una sociedad, que en el caso de Japón, es esencialmente vertical. Aunque los tiempos cambian, las jerarquías entre maestro-alumno (sensei-seito), superior-inferior (sempai-kōhai), etc., siguen siendo importantes. Sobre este trasfondo, lo lindo suaviza los encuentros entre las jerarquías sociales, y al mismo tiempo las refuerza cargándolas de sentimientos paralelos de lealtad, compromiso e incluso obediencia. 

Lo kawaii tiene una carga semiótica; es entonces un canal efectivo para movilizar y comunicar concepciones del mundo. Comunica valores de jerarquía, obediencia y empatía, que sobre una lógica confuciana privilegian a una autoridad poderosa y masculina sobre otros personajes carentes de poder; esto incluye una relación hegemónica del hombre sobre la mujer. Entonces, detrás de la red de significados relacionados con lo kawaii, existe una estructura de poder enraizada en sus características. ¿Qué hace a algo o alguien kawaii? Entre muchas otras cosas, está la capacidad para despertar el instinto protector entre las personas del alrededor. Esto lo logran 1) cualidades de la forma, como caras redondeadas e infantilizadas y 2) cualidades deseables dentro la estructura vertical de la sociedad como el ser alegre (akarui), empático (omoiyari) y obediente (sunao). 

Pero, ¿qué tiene de malo ser alegre, empático y obediente? Absolutamente nada. Sin embargo, hay que resaltar que dentro de la estructura vertical de la sociedad japonesa, tales atributos generalmente fluyen de abajo hacia arriba y son esperables en la gente ubicada en el polo carente de poder: los niños y sobre todo las mujeres. ¿Quién consume los objetos kawaii? ¿Quién desea ser kawaii? ¿Quién desea que otros sean kawaii? Antes de tachar a Mc Veigh de tajante y aguafiestas, cabe decir que él aclara que no todas las mujeres japonesas gustan de lo kawaii. Sin embargo, la norma social sí está disponible en muchos productos por los que la gente paga dinero. A final de cuentas, un objeto kawaii obtiene su valor comercial de su capacidad para comunicar un simbolismo que el comprador asume y hace parte de sí.

Es interesante lo que podemos encontrar detrás de figuras aparentemente tan inocuas y también es interesante saber que podemos encontrar figuras tan inocentes y tan cargadas de significados en nuestra propia cotidianidad. Es sólo cuestión de ponernos a pensar qué es lo que están comunicando esos muñequitos que los vecinos pegaron en la parte trasera de su camioneta.     

Mc Veigh, B. (1996). Commodifying Affection, Authority and Gender in the Everyday objects of Japan. Journal of Material Culture, Vol 1 (3): 291-312.


[1] Brian Mc Veigh trabajó muchos años en la Universidad Tōyō Gakuen; actualmente es profesor de antropología en la Universidad de Arizona.

sábado, 4 de junio de 2011

INDIO VS HINDÚ, Un gentilicio incomprendido

Elizabeth Salomón C.

(Publicado en el Boletín ACIA número 1, Marzo-Abril de 2006)

Mucho se ha discutido acerca de cuál es el gentilicio adecuado para nombrar a los originarios de la India. Los dos vocablos propuestos son indio e hindú, y cada uno de ellos representa una forma distinta de ver a este subcontinente. La lengua española actual toma ambos términos como sinónimos, no obstante el disímil origen y significado de las palabras. Entonces, ¿cuál expresión es más recomendable usar?
El DRAE (Diccionario de la Real Academia Española) dice de indio:
1. adj. Natural de la India. U. t. c. s.1
2. adj. Perteneciente o relativo a este país de Asia.
3. adj. Se dice del indígena de América, o sea de las Indias Occidentales, al que hoy se considera como descendiente de aquel sin mezcla de otra raza. U. t. c. s.
4. adj. Perteneciente o relativo a estos indios.
En esta definición encontramos que el gentilicio ocupa la primera acepción del término, es decir, como su significado esencial. Por el otro lado el DRAE nos dice de hindú:
(del fr. hindou)
1. adj. Natural de la India. U. t. c. s.
2. adj. Perteneciente o relativo a este país de Asia.
3. adj. Perteneciente o relativo al hinduismo.
4. adj. Partidario del hinduismo o adepto a él.
Aquí comienza el debate. Al encontrar en esta palabra la misma acepción que la anterior, nos da la impresión que ambos términos son sinónimos. Es conocido el hecho de que la palabra hindú designa a los profesantes del hinduismo, más que a los naturales de la India.  Sin embargo, la acepción referente a la filiación religiosa es recogida por el DRAE, como penúltima debido a que los hispanohablantes ya casi no usan el término hindú para referirse a una filiación religiosa, sino erróneamente, como gentilicio. Y digo erróneamente porque en la India, además de hindúes, hay cristianos, musulmanes, budistas. Llamar hindúes a todos los naturales de este país, es como llamar católicos a todos los mexicanos, cuando en nuestro país también hay otras importantes comunidades religiosas.
Pero, ¿cómo llegamos a esa aparente sinonimia? ¿Por qué el término hindú ha venido a servir de gentilicio? Los primeros pobladores de la región que hoy conocemos como la India no se dieron un único nombre a sí mismos, no tuvieron todos uno mismo gentilicio. Se identificaban usando cada uno el nombre de su casta (jaati), el cual también indicaba su filiación religiosa. Los términos India y, por consecuencia, indio, provienen del árabe Hind, corrupción del sánscrito Sindh, nombre que recibía una provincia de la región. Más tarde, los portugueses, españoles e ingleses variaron la pronunciación recibida de los árabes, y nació así el nombre de India, y fueron los españoles quienes terminaron por llamar las Indias a aquel país y sus alrededores.
Es ampliamente conocido el hecho de que, al ser descubierto el continente americano, los europeos inicialmente creyeron haber encontrado una nueva ruta marítima a las Indias. Al descubrimiento de nuestro continente siguió el nacimiento de un nuevo par de conceptos geográficos: las Indias orientales (propiamente la India) y las Indias occidentales (el continente americano)2. Desde entonces y hasta nuestros días los nativos de América han sido llamados indios y, a pesar de que hace ya varios siglos se descubrió aquel error geográfico, el uso del gentilicio indio prevalece en Iberoamérica.
El habla común dio una solución aparente a esta duplicidad semántica, adoptando uno diferente para los indios que le eran menos familiares, menos cotidianos, los que al grueso de los hispanohablantes les parecían menos indios: los indios de la India. Pero, ¿por qué se eligió llamarles hindúes?
Más de la mitad de los hindúes del mundo habitan en la región norte de la India. De este hecho es fácil inferir que otros países vieran al hinduismo como un rasgo característico de su cultura y esto, aunado a la similitud fonética de ambas palabras (ind-), los llevara a englobarlos a todos bajo el término: hindúes.
Hindú aparece por primera vez en el DRAE en su 19ª edición, en 1970:
Hindú: (del persa hindû)
1. a dj. Natural de la India. U.t.c.s.
2. Perteneciente o relativo a éste estado de Asia.
En la siguiente edición del diccionario, en 1984, se registra la acepción religiosa:
Hindú: (del persa hindû)
1. adj. Partidario o adepto del hinduismo.
2. Por extensión, natural de la India. U.t.c.s.
Pero en el habla común se continuó usando esta palabra como gentilicio, por lo que, en su siguiente aparición en el DRAE, lleva la misma definición que llevara en la primera. Tiempo después se añadió al vocabulario el término hinduista como el aceptado para nombrar a los profesantes del hinduismo, sustituyendo con él la acepción religiosa de la palabra hindú. Finalmente, en 2001, hinduista adquiere la definición oficial que conserva hasta hoy.
El uso del término hindú como gentilicio no es adecuado, aún cuando sea aceptado como correcto por nuestra lengua, pues su significado es muy limitado como para representar a toda una cultura. Además, al adoptarse como gentilicio se reforzó otro equívoco de nominación racial: indio para los nativos de América. Es también sabido que no muchos naturales de la India aceptan con agrado ser llamados hindúes, especialmente si no son de tal filiación religiosa. Pero, ¿qué hay del término indio?
La mayoría de los países actuales no conservan el nombre con el que sus propios habitantes solían denominarlos; por el contrario, tienen nombres que les han sido impuestos por culturas ajenas a la suya. Así, llamamos esquimales a los Inuit y España fue nombrada así por los romanos. La India no es la excepción, llevando un nombre de origen persa-árabe. Sin embargo, partiendo de la premisa de que todas las culturas para ser efectiva y rectamente comprendidas deben ser vistas desde sí mismas, concluímos que, si no podemos llamar a cada casta india por su nombre, lo más adecuado es llamar indios en general a los originarios de aquel país, ya que ese es el nombre con el que actualmente se reconocen la mayoría de ellos y el que se acepta más ampliamente.
NOTAS
1      Abreviatura comúnmente usada por el DRAE, significa “úsase también como sustantivo”.
2      Originalmente se le llamó Indias Occidentales sólo a ciertas islas del continente americano, que fueron las primeras tierras americanas descubiertas por los europeos. Más tarde, por extensión, se le llamó así a todo el continente.