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miércoles, 12 de mayo de 2010

¡Caray!, ¡pica, pica! La contramarea de dos horizontes y un solo sol

Fabián Robles


Son pocas las veces en que con la expresión visual y auditiva, los artistas logran arrancar desde el escenario emociones hasta al más pasivo de los espectadores que se ocultan bajo la protección que da la oscuridad y la pasividad de la butaca en la que se está sentado.

Como una parte de la conmemoración de los 400 años de amistad de México y Japón, entre febrero y abril de 2010 se presentó en la obra teatral Contramarea, el regreso del samurai (逆潮 侍の帰郷) de Irene Akiko Iida en el Centro Cultural del Bosque.

Los protagonistas: Irene Iida y Tribu, ¿qué más podría hacer falta?. Si una persona que no sabe de teatro japonés, ni occidental, ni de historia, ni de japonés, ni de español, viera esta obra podría entender y sentir en gran medida su significado. Sin embargo, al ver su estructura y cada uno de los movimientos que hace Iida en su personificación de Hasekura Rokuemon Tsunenaga (支倉六右衛門常長、1571-1622), se puede ver una muy cuidadosa y armoniosamente lograda concatenación de estilos.








Esta talentosa actriz hace un recorrido por rincones de la expresión escénica de Japón y de México con movimientos de manos, expresiones faciales, posiciones corporales y los más variados recursos. Sin conocer su trayectoria, en los breves minutos de esta obra se puede palpar su tamaño artístico y capacidad expresiva para llenar un escenario con su actuación, más allá de sólo las palabras o los cantos. En Contramarea, Irene Akiko nos da una dosis de sus décadas de trabajo expresivo y artístico en pocos minutos. Es difícil saber si Akiko Irene es más de Japón o de México.

Iida canta en japonés, en español y hasta en náhuatl, con el excelso acompañamiento del dueto Tribu, músicos de larga trayectoria con quienes ya había hecho mancuerna en Kai-on, Sonidos del Mar. A través de cantos, de algunas palabras, y hasta de oraciones budistas y católicas, Irene Akiko hace alegorías a la expedición a bordo del galeón de San Juan Bautista del samurai Hasekura al lado de Luis Sotelo entre 1613 y 1614 en el cual viajaron a la Nueva España y luego a España y Roma.








Pero, más que dar una lección de historia, en Contramarea, hemos podido interpretar lo siguiente: sí, hay la relación dos países que parecen muy lejanos, pero hay quienes hemos nacido y vivido en medio de los dos, no los podemos ver lejanos. ¿Quién mejor para hacer ver y sentir tan natural la combinación de estos dos mundos que Irene Iida? Para muestra una frase bilingüe y bidireccional extraída de Contramarea:

“Carai, pica pica”:

辛い (karai en japonés)¡pica, pica! (en español) = ¡qué picante!, ¡pica pica!

Caray (en español)ピカピカ (pika-pika en japonés) = ¡caramba!, ¡el resplandor de los relámpagos!

Esta obra nos deja pensando sobre la amistad o más neutralmente dicho la relación entre México y Japón, a nivel de gobiernos, a nivel de personas, a nivel de parejas y de familias. Y nos receta el releer nuestra historia y nuestra identidad común.

Después de la exitosa temporada en México, en la que a pesar de presentarse en lunes y martes por la noche, tuvo una gran respuesta, Contramarea se va a Japón, esperamos que en los lugares que se presente tenga el mismo éxito que aquí y que haya otra temporada, pero en fin de semana para la ciudad de México.

Terminamos este breve comentario diciendo:

Sasuga, Irene Iida (Qué podíamos esperar de Irene Iida)

Para leer la historia:

- Knauth, Lothar. Confrontación transpacífica, el Japón y el nuevo mundo hispánico, 1542-1639. México, UNAM, 1972.

Otra referencia

- “Encuentro diplomático Nueva España-Japón” Germán Sosa, En Boletín ACIA 21, Enero-Febrero 2010




Links

http://ja.wikipedia.org/wiki/%E6%94%AF%E5%80%89%E5%B8%B8%E9%95%B7


http://www.youtube.com/watch?v=oM4yvfth3CE


Message in a Bottle, siete años después. Saludo del director.

Apostar a vivir bajo la igualdad, la tolerancia y el entendimiento mutuo es tan difícil como cuando un náufrago escribe un mensaje y lo mete en una botella para lanzarlo al mar con la esperanza de recibir una respuesta a su soledad.

Hace 7 años pensamos en esas tres ideas para lanzarlas al mar y ver si alguien más las compartía, entonces fue que llamamos a la botella en que metimos nuestro mensaje: ACIA. Quizá a alguien le interesaría lo que hacemos o por lo menos nos preguntarían –¿porqué lo escriben con “c”?...
¿A qué nos referimos con estas tres ideas?. Hablar de orientales es tan fácil y común como verlos y tratarlos como el otro exótico, como el modelo de lo raro. Solamente necesitamos tener imaginación y atribuirles sin la menor responsabilidad cualquier cosa. La apuesta del proyecto ACIA es conocer, sin intermediarios, a los seres humanos que viven en otras latitudes y hacer el esfuerzo por reconocer la riqueza que representa la aceptación de lo que somos y por conocer a los otros para conocernos más profundamente a nosotros mismos.

Aún en la era de la información comprender la carga etnocéntrica de los trabajos académicos es todavía como encontrar una aguja en un pajar. La distinción entre los conceptos cosmoculturales y los monoculturales(1) es cada vez más borrosa para muchos pero cada vez más importante en nuestro contexto.

Me viene a la memoria la anécdota del francés Vicent Guerry quien al indagar sobre los huérfanos en África se encontró con lo siguiente:

Al encontrar a un baoulé acompañado de un niño, le pregunto: “¿Es tu hijo?” Él me contesta: “Sí, es mi hijo?”. Para evitar toda confusión, le pido una precisión: “¿Es tu verdadero hijo? ¿Es el hijo de tu vientre?” Él me responde: “No”. Entonces yo le digo: “Pues, no es tu hijo”. Y él replica: “No es el hijo de mi vientre, pero es mi verdadero hijo”. (2)

Para los franceses y para muchos otros pueblos un hijo biológico y uno adoptivo son algo distinto, y eso lo consideran “natural”, “universal”, pero eso no significa que todas las sociedades del mundo, como los africanos en este caso, vean de la misma forma las cosas. A veces, lo que parece universal, no lo es tanto y de ahí la cautela de ACIA en el encuentro con el otro, no vasta con verlo directamente.

La observación directa, el “verlo con los ojos propios”, del método científico de las ciencias exactas tendría que ser revisado al tratarse del estudio de sociedades y culturas. No se trata de solo ver, sino de hacer concientes nuestros cánones de identidad y los de otros para poder lograr un acercamiento más real. Es decir, tomarse una foto en Kioto vestido con kimono no significa conocer Japón.

Sorprendentemente en estos 7 años han llegado muchos náufragos que tienen ideales similares y que nos han dicho: sí, entender a los otros tal cual son es lo que nos hace más ricos en lo que somos nosotros mismos. Vivir con igualdad, tolerancia y entendimiento mutuo es un camino difícil en el se puede tropezar con facilidad.
A pesar del mundo tan caótico en el que vive el siglo XXI, hay esperanza en estos tres ideales, quién le diría a Sting que su canción describiría la historia de ACIA. ¡Felicidades a toda la comunidad ACIA!

En este número conmemorativo del séptimo aniversario presentamos un breve artículo sobre Orientalismo, una rama académica abanderada por Edwad Said, revisamos el origen de la palabra Asia. Por otro lado traemos a la memoria el suceso accidental que dio inicio a las relaciones entre la Relación Nueva España–Japón. Tenemos una breve nota sobre la migración china en México y otra sobre pragmática lingüística del japonés. Esperamos lo disfruten.


1 Extraído del texto: “El etnocentrismo en el estudio de culturas diferentes” de Dominique Perrot y Roy Preiswerk Del libro Etnocentrismo e Historia, América Indígena, África y Asia en la visión distorsionada de la cultura occidental, Ed. Nueva Imagen (traducción al español), México 1979. Págs. 87-88.
2 Vicent Guerry, La vie quotidienne dans un village baoulé, Abidjan, INADES, 1970, pág. 9. (Citado en Etnocentrismo e Historia., pág. 88.)

lunes, 14 de diciembre de 2009

Del Oriente al oriente

Editorial
Extraído de la primera aparición
del Boletín ACIA (Periódico mural). Septiembre-octubre 2005
Fabián Robles.


Hace unos meses tuve la oportunidad de presenciar una excelsa interpretación de la ópera de Giacomo Puccini (1858 - 1924) llamada Turandot. La cual se desarrolla en Pekín, en una época indeterminada y en la cual se cuenta la historia de una princesa que ha de ser desposada por algún noble que pase por ciertas pruebas (adivinanzas) y en la que, quienes no lograran adivinar tendrían que ser ejecutados pagando con su vida sus altas pretensiones. En esta historia, completamente escrita en italiano, se contraponen el imperio chino y el persa, sin embargo, no se ve que haya un conocimiento real de ninguna de estas culturas. Se muestra a la China a través de la actitud de Turandot como impenetrable, fría y cruel; y a Persia como astuta y vengativa en la actitud de Calaf.
A pesar de ser una creación de principios del siglo XX, en Turandot se deja ver el estereotipo medieval de que el “Oriente” está habitado por razas bárbaras, con culturas “pueriles”, que necesitan ser “civilizadas” por los occidentales. Se deja ver la concepción de que en el Oriente no pasa nada y no existe historia, ni tiempo real, ni desarrollo. En fin, parecería que para conocer el Oriente no es necesario ningún contacto directo con el Oriente mismo sino más bien hay que explorar lo que Occidente quiere conocer o decir de Oriente.
Esta dualidad de términos ha sido muy cómoda durante siglos para los autodenominados occidentales, ya que el término “Oriente” –con mayúscula– es un recipiente para guardar conceptos discriminatorios como barbarie, fundamentalismo y violencia en contraposición de la educación, la libertad y la paz de “Occidente”. Para crear al Oriente los occidentales medievales sólo tenían que construir la imagen del otro, del no cristiano, de aquél que no querían ser, del que tenían que cuidarse y del que debía ser dominado –o educado– con la panacea de la “civilización” europea. El Oriente, no es un término geográfico, pues se les ha dicho orientales a los árabes, a los chinos, a los indios, pero también a los africanos y hasta a los indígenas americanos. En fin, si el término “Oriente” no es peyorativo, ¿podríamos decir también que la Italia de Puccini se trata de un “país oriental” solo por estar al oriente de México?...
Esta reflexión podría prolongarse por páginas y páginas pero, ¿qué tiene que ver la visión medieval de los europeos con el mundo moderno y globalizado?, pues basta con asomarnos al violento inicio del siglo XXI en el que a raíz de un ataque terrorista a un símbolo del poderío estadounidense se comenzó una ola de agresiones a países asiáticos indefensos, pero “necesitados” de la mano “democratizadora y libertadora” de la potencia occidental para ser sacados del error en el que viven por el fundamentalismo islámico y por sus gobiernos despóticos.
La retórica –creada por Occidente– de la libertad y la democracia en contraposición con la tiranía oriental ha tenido mucho éxito para los políticos del nuevo siglo. Parece que en nuestros días, conocemos de oriente lo que se nos dice en inglés o en francés, si se habla de países orientales en Discovery Channel se muestran comunidades de extrema pobreza y las grandes ciudades de vastos intercambios económicos que no estén en Norteamérica o en Europa son vistas como expresiones aisladas e incidentales de progreso.
En los más de dos años y medio que tiene el proyecto ACIA, en más de una ocasión me han preguntado: “¿Porqué estudiar a las culturas de Asia?”, y otras veces he escuchado: “¡Qué original idea, una escuela de idiomas orientales!”. Pero el trasfondo de emprender tal esfuerzo por difundir la pluralidad de formas de comunicarse que hay en el mundo no es más que el anhelo de dar a las personas de nuestro país los elementos para entenderse directamente con la gente de otras nacionalidades, sin intermediarios.
En ACIA pretendemos escaparnos de la mal intencionada postura dialéctica de Oriente y Occidente para emprender un esfuerzo de entendimiento directo y real, de personas reales a personas reales y concientes de la pluralidad de expresiones que tiene la humanidad.
Los mexicanos tenemos cada día más relación con los asiáticos, es decir con una buena cantidad de países, de idiomas y de formas de ver la vida, por ello es conveniente ir quitando el velo de impenetrabilidad y el misterio del estereotipo de lo “oriental” para pasar a una o a muchas visiones más objetivas y directas de los que son las culturas que nos influyen para verlas con claridad y para entendernos más a nosotros mismos.
La intención de este boletín es mostrar las actividades relacionadas con el proyecto ACIA, que se van llevando a cabo a manos de su comunidad, sin pretensiones políticas o ideológicas, en el Boletín ACIA, nos referimos a culturas, a tradiciones y a formas de pensar. El único oriente del que hablamos se escribe con minúscula y es una simple referencia geográfica dentro un planeta esférico que no comienza ni termina en ningún lugar.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Fonología china


Fabián Robles

En los últimos años cada vez más ojos y más oídos voltean al tan mitificado mandarín. Al acercarse por vez primera, muchos piensan que lo difícil del chino es su escritura, pero al encontrarse con sus sonidos se topan con una dificultad que no tenían prevista.
Preguntan, –cuál es la letra “a”–, pensando en que el chino se trata de un mundo paralelo al nuestro. Pero, son dos idiomas en uno. Hay quienes pien­san: –si uno escribe español, entonces habla español–. Pero no por escribir chino se habla chino.

Muchas culturas antiguas dicen que el sonido no se puede atrapar ni conservar, ya que cuando termina desaparece, no lo escuchamos más. Sin embargo nos las hemos ingeniado para guardarlo, para que no se nos vaya cuando termine, por eso las palabras habladas son mágicas para muchos pueblos. Hoy tenemos letras y grabaciones para volver a producirlo pero todavía no podemos hacer que las palabras queden quietas.
En el caso del chino, con un sistema transliterativo (que no trans­criptivo) como el pinyin, los mexicanos enfrentamos graves confusio­nes. Que si no hay /b/ entonces porque la “b” se pronuncia /p/, etc.
Hace falta que alguien nos explique en español cómo funciona el chino, qué cosas coinciden con nuestra lengua y cuáles son totalmente nuevas y distintas.

La fonética (语音yuyin) se ocupa de describir los sonidos del habla humana a partir de la descripción de su producción, toma como base los órganos que participan en la producción del sonido, la forma en que el aire circula o se interrumpe y los elementos físicos relacionados al habla humana y así los clasifica. Por otro lado, los usos y estructuras sonoros en cada idioma y cultura son campo de la fonología (音韵学yunyunxue). La fonología es una rama de la lingüística y depende de la fonética.
Analizar los sonidos del chino es un tema complejo. Por ello, quere­mos presentarles el nuevo libro de Maximiano Cortés: Fonología china.

Cortés clasifica el sistema de pronunciación chino. No es un ma­nual con ejercicios, es una descripción de los aspectos esenciales de la fonología china, y una breve comparación con el español. A través de elementos de la técnica fonética y fonológica hace un recorrido por el chino mandarín y por su tradición lingüística complementada con la fonética occidental. Hacía falta un trabajo como este en español.
Este libro es para hacer “el camino un poco más llano e ilumi­nado a aquellos lingüistas que empiezan a descubrir el chino, como a aquellos otros lectores que ya han emprendido el aprendizaje de la lengua más hablada del mundo” y es una lectura muy recomendada, claro es de Herder.


Links:

jueves, 29 de octubre de 2009

Un poco de letras...

Fabián Robles
RECUPERADO DEL BOLETÍN 2, MAYO-JUNIO DE 2006

En 1962 Marshall McLuhan (1911-1980) publicó su obra La Galaxia Gutenberg, génesis del “homo typographicus”(1), en la cual plantea el impacto que tuvo en la sociedad europea la aparición de la escritura alfabética y más tarde la tipográfica, con la aparición en el siglo XV de la máquina de tipos móviles del impresor de Maguncia, arrinconándonos a la exacerbación del sentido de la vista sobre el tacto y el oído.

En sus eruditos textos, McLuhan, el creador de la idea la “aldea global”, plantea una regresión parcial a la cultura que él llama audiotáctil a través de los medios audiovisuales de la era de la electrónica.

Además de McLuhan se han elaborado diversos análisis sobre los cambios en las estructuras mentales y sociales a partir de la llegada de la escritura. La concepción de la escritura como una tecnología que ha tenido gran impacto en la forma de vida de las sociedades se ha diversificado también a través de trabajos de otros autores como Ong(2).

Además del secular proceso de transformación del pensamiento desde la tradición oral hasta la escritura, McLuhan indaga sobre los factores que hacen diferente a la escritura alfabética (latina), estrictamente fonética y de letras individuales que además es común a los idiomas europeos. Sin embargo, se niega a aceptar que el impacto de la escritura alfabética y de la imprenta europea sea el mismo en cualquier cultura.

Al referirse a China se apoya en Kennet Scott para decir que la imprenta inventada hacia el siglo “VII u VIII” no tuvo el mismo impacto que en Europa por carecer del acicate de una revolución industrial y afirma que
“entre los chinos, el propósito de la imprenta no fue la creación de productos uniformes y repetidos para un mercado y un sistema de precios. La imprenta fue una variante de sus ruedas para rezar, un medio visual para multiplicar sus ensalmos mágicos, al modo de la publicidad en nuestros tiempos.” (p.59)

Ante este eurocentrismo cuasi peyorativo, podemos decir que la escritura china es visual y fonética, es un metalenguaje gráfico que no necesita necesariamente ser pronunciado y por ello permite que tantas letras sean un camino más práctico para la comunicación entre poblaciones numerosas, en territorios vastos y dialectos e idiomas que hablados son muy diversos pero que tienen un punto que les sirve a la vez de comunión y de ancla: la escritura. Por lo tanto es lógico que la imprenta china esté más cerca de las técnicas de grabado de dibujos que de los tipos móviles y repetibles.

En contraste con los ideogramas, la escritura alfabética tipográfica y la teoría de la legibilidad, están pensadas para no distraer a quien lee con la forma de las letras, haciéndolas sencillas y repetibles, por ello a pesar de ser visual, la lectura alfabética atrofia la percepción de la forma, es decir, cuanto menos nos distraigamos en observar cómo está dibujada cada letra, más nos concentraremos en el contenido, y así arrinconaremos a la psique en la simple reproducción lineal del sonido que podrían haber tenido las palabras contenidas en las letras. (Lo cual no necesariamente contradice a McLuhan).

McLuhan continúa así: “el ideograma no determina la separación y especialización de nuestros sentidos, la escisión de la vista y el sonido, ni la significación que son la clave del alfabeto fonético”. (p.59)

Si McLuhan nos hubiera acompañado un poco más en este mundo habría visto los sistemas de cómputo basados en iconos, es decir, en comunicación suprafonética al estilo de los caracteres chinos. La ventaja de la escritura ideográfica sobre la fonética es que no se desdeña a la comunicación visual y se depende menos del habla, se trata de un metalenguaje
visual.

La escritura china fue adoptada por los idiomas japonés, coreano y vietnamita. En nuestros días, en el caso de los dos primeros, más de 70 por ciento de su léxico tiene raíz en el chino, aunque sus gramáticas sean muy lejanas.

En el caso de la escritura coreana, el hangul, fue diseñado (entre 1444 y 1446) para trascender los miles de caracteres chinos (hanja) y hacer posible la representación gráfica muy sencilla de una fonética tan complicada como la del coreano. La especial característica del hangul es que se trata de un sistema de letras uniformes y repetitivas. Según Labarre (3) (p.63), ni la imprenta china, ni la imprenta coreana de tipos móviles y mecánicos del siglo XIII son mencionadas en ningún texto occidental y por lo tanto sería muy osado aseverar que Gutenberg se inspirara en ellas. Pero lo que sí se puede ver claramente es que la viabilidad de los tipos móviles en Asia, fue posible gracias al hangul.

Sin embargo, no por el simple hecho de ser una escritura fonética y de tipos móviles, el hangul ha tenido el mismo impacto que el alfabeto latino ya que está diseñado para coexistir con las letras chinas, por lo cual los caracteres se agrupan por palabras o sílabas, lo que les resta la individualidad del abecedario, aún hoy en que la escritura china es ya muy poco común en Corea. Los elementos para determinar el impacto de la escritura en las culturas humanas son muchos y complejos, pero es evidente que la escritura latina no es la más impactante y no necesariaomente es la más universal.§

Referencias:

1 McLuhan, Marshall. La Galaxia Gutenberg, génesis del “homo typographicus”. Aguilar, Madrid, España, 1962.
2 Ong, Walter. Oralidad y Escrtura, tecnologías de la palabra. México, FCE, 1982.
3 Labarre, Albert. Historia del libro. México, Siglo XXI, 2002.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Escríbelo en chino: habrá millones que te entenderán

(Columna de Fabián Robles Boletín ACIA 5, nov-dic de 2006.)

Durante el siglo XX, con la invención de las computadoras, muchas de las fantasías de dar órdenes verbales a máquinas inteligentes fueron tomando forma cuando estos "cerebros electrónicos" (como se les llama en chino) se devoraron a la máquina de escribir y a la televisión, para llegar a la forma que actualmente tienen. Cuando la computadora se comunicó con el ser humano por medio de una pantalla, se dio el primer careo del hombre con la máquina y fue necesaria la creación de una interfaz (de interacción y de rostro o faz, en inglés face) que permitió un diálogo entre el hombre y la máquina.

Las primeras interfaces consistían en escribir palabras o instrucciones para que la computadora ejecutara funciones. Era necesario que los usuarios memorizaran listas de vocabulario en inglés y las escribieran sin variaciones para entablar comunicación con los ordenadores; lo cual limitaba su uso a las personas interesadas y dispuestas a tener un entrenamiento específico para su manejo.

Años después junto con el mouse surgieron las interfaces visuales, que revolucionaron la comunicación con las computadoras, ya que están basadas en dibujos o iconos que al ser tocados permiten dar instrucciones sin necesidad de palabras. Lo que en un principio fue un complemento de los menús textuales, permitió la popularización del uso de las computadoras y dejar de lado las listas de instrucciones para indicar de una manera más directa lo que deseamos que la máquina haga.

Por ejemplo hoy, para ordenarle a una computadora que guarde la información que estamos procesando, sólo tenemos que tocar con el mouse el dibujo de un floppy disk que aparece en la pantalla. Aunque la computadora esté configurada en inglés, en árabe, en chino o en japonés, la acción será la misma, pero en la mente del usuario y en los instructivos, la palabra que se emplee para denominar tal acción será propia de cada idioma. Si un mexicano usa una computadora japonesa, dirá "guardar" aunque el sistema lo inteprete como "上書き保存". Es decir, éstas han trascendido el lenguaje hablado y han enfatizado su comunicación con el ser humano a través de la representación gráfica y las otras formas de ordenar, es decir seleccionar palabras en una lista, oprimir combinaciones de teclas o escribir las instrucciones y hasta dar órdenes verbales.

En español decimos guardar, por lo que la combinación de teclas para tal instrucción es: Ctrl + G; pero en inglés se dice save y la misma acción se logra a partir de Ctrl + S, lo cual hace menos universal este tipo de comunicación. Con el paso de los años, las formas de almacenar datos han cambiado y los otrora populares floppy disk son cada vez más difíciles de ver. Sin embargo, su imagen tan directa en su representación de la realidad se ha vuelto cada vez más abstracta.

Podemos decir que las nuevas generaciones de usuarios no habrán conocido los floppy disk como objetos, pero posiblemente tendrán que memorizar y asociar tal imagen a una función que seguirán necesitando y resolviendo a través de otros tipos de dispositivos.

Esta tecnología de comunicación icónica, jactancia de la gente de las últimas décadas, no es un invento nuevo. El uso de miles de caracteres chinos que se han empleado para escribir el chino, el japonés y el coreano en los últimos dos milenios, ha seguido un proceso similar al que hoy vemos con las computadoras.

Por la fuerte y prolongada influencia de China los otros países absorbieron la escritura, pero no alteraron grandemente sus idiomas hablados (salvo en cierto porcentaje del léxico). Cuando aprendemos una lengua extranjera es muy común decir: –aprenderé a hablar italiano–. Es el caso de los idiomas que se escriben por medio del abecedario latino, en el cual las letras sirven como un instrumento de conservación y reproducción de las palabras habladas. Son signos con valor fonético que al ser colocados en secuencia, nos permiten reproducir la "película" o la "grabación" de lo que hubiera expresado al hablar quien las escribió. Sin embargo, decir "hablar japonés o chino" nos deja la inquietud de si también leemos y escribimos japonés o chino.

Auque los idiomas influidos por la escritura china han creado escrituras vernáculas, la comodidad de los ideogramas chinos ha sido preferida, –a excepción de la reciente semiabolición de ellos en Corea–. Ello ha generado sociedades con índices prácticamente nulos de analfabetismo y de grandes cantidades de lectores.

Las críticas de quienes sostienen la tesis del antagonismo occidente civilizado-oriente exótico y adelanto-retraso civilizatorio; acerca del "retraso" de la prolija escritura china frente a las ventajas del sintético alfabeto, son cada vez menos sostenibles conforme la humanidad de la era de la información y la globalización, y sus computadoras se van dirigiendo (avanzando) por el mismo camino de comunicación visual (metalenguaje visual) que siguió el orbe chino en la antigüedad.