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viernes, 16 de noviembre de 2012

¿Quieres hablar en Japonés? Marugoto: una nueva experiencia una nueva opción.

Juan Antonio Yáñez

 
Calla y repite después que yo; más fuerte, no se oye, una vez más. Muy bien. Ahora vámos a escribir en el cuaderno, fíjate en el ejemplo y cuando terminemos vámos a traducir una canción.

 

Creo que así fue. Con el paso de los años su recerdo se ha ido diluyendo en mi memoria pero creo que el boceto general es ese. Esa fue la forma como comencé a aprender inglés cuando era apenas un crío. El caso del japonés fue algo similar. Es posible que varios, si no muchos de los que leen esta nota lleguen a la misma conclusión. ¿Cómo fue que aprendieron lo que ahora es su segnda lengua? Aprovechando este ejercicio, también podrían preguntarse. ¿Qué era exáctamente lo que esperaban hacer con el idioma que estudiaron? ¿Les interesaba en específico leer, poder conversar, entender la televisión? Tal vez, ni siquiera tenían claro qué era lo que esperaban obtener.

 

Los expertos en enseñanza de segundas lenguas se hacen estas mismas preguntas cuando se disponen a diseñar un nuevo método de estudio. Eso se traduce en una situación donde, si tus aspiraciones y los objetivos de tu método de idiomas coinciden, hay muchas posibilidades de que tu historial en el aprendizaje de lenguas extranjeras tenga un final feliz. En caso contrario, es muy probable que el camino se haga más largo, tan largo que uno termina abandonando el estudio. 

 

Entonces, en el caso del idioma japonés, ¿qué opciones existen en este momento? Como una impresión producto de mi experiencia en la didáctica de dicha lengua, podría decir que actualmente existe una gran variedad de materiales. Métodos básicos, intermedios, avanzados, de comprensión de lectura, japonés de negocios, de niños, y otros dedicados a personas que se van aestudiar en Japón. Sin embargo denro de todo ese universo de posibilidades, desde fuera de Japón tenemos acceso a una muestra muy pequeña. Luego, es sólolo un puñado de ellos el que ha sido adoptado por las escuelas de japonés para fungir como su método base.

 

La existencia de un programa basado en un método de japonés preestablecido, causa una sensación de certidumbre, tanto para maestros como para alumnos. Así todos sabemos, qué vámos a aprender y a qué ritmo. Por años, esa misma certidumbre la compartieron la mayoría de las escuelas cuando adoptaron un método en común. Una misma vara para medir el avance de los alumnos. Sin embargo, en este momento existe ya una nueva “medida” que se está poniendo a prueba.

 
El método Marugoto, desarrollado por La Fundación Japón, ha sido traído a México para probar su eficacia. Setrata de un sistema de enseñanza novedoso por diferentes razones. Primero, se trata de, si no el primero, sí uno de los primeros métodos de japonés básico que se apegan a los nuevos estándares para la enseñanza-aprendizaje del japonés emitidos en el año 2010.



Sobre una base psicolongüística donde se procura “bañar” al estudiante de estimulación de distintos tipos ( auditiva, visual, gráfica, etc), los estudiantes procesen esa información para poco a poco ir aprendiendo a manejar y manipular la nueva lengua con todo y sus reglas lingüísticas, pragmáticas y sociales. Marugoto es entonces de un método que da énfasis a la actividad, al uso de la lengua para situaciones concretas; se trata de un método cuyo objetivo primordial es desarrollar habilidades para la conversación en japonés .

 

Por todo lo anterior, Marugoto método diferente, del cual se espera buena aceptación en nuestro país; y dado el incremento del interés por la lengua japonesa en México, se tienen buenas expectativas al respecto. Es cuestión de que la gente se anime a probarlo. Hasta ahora han sido relativamente pocas las personas que han experimentado el estudio bajo el método Marugoto. Por ello, a continuación les presento un par de testimonios

 

Karen

Yo sólo había estudiado inglés desde que entré al kinder. Y, sí, bueno, esta clase de japonés estuvo mejor de lo que pensaba. Yo creí que iba a estar mas aburrido y me gustó más. Yo pensaba que iba a ser así como de leer mucho y así. Pero no, o sea, la verdad es que sí me como que las palabras se me pegan. Es difícil, pero me gusta.

 

¿Alguna actividad en especial te ha servido para aprender?

Algun tipo de actividad.... los ejercicios de hiragana me sirvieron mucho. Y los dibujos en los libros. Esos... como que al recordar los dibujos me acuerdo de las palabras, cómo se dicen.

O sea que... ¿en lugar de tener una lista de palabras, con los dibujos nos acordamos más fácil?


 

¿Cual es tu punto fuerte en el japonés?

Yo creo que escuchar. Pero sólamente que haya puesto atención ya puedo saber lo que quieren decir.

 

¿Tu recomendarías este método?

Sí, porque.. pues es que, como que con actividades seguidas, como que sí se aprende. No se trata de aprender así... repetitivamente sino con varias actividades diferentes que te hacen recordar lo aprendido.

 

 

Sara.

¿Has estudiado otros idiomas antes?

He estudiado inglés toda mi vida porque mi mamá es maestra de inglés.

 

¿Y el japonés?

Autodidácticamente, tengo estudiando japonés desde hace 3 años. Pero ya formalmente en una academia, desde hace un año.

 

La clase está muy bien hecha y está muy padre. Bueno, a mi me emociona mucho. Antes de empezar me imaginaba otra cosa. Me imaginaba ejercicios mas escritos Yo pensaba que era nada mas ver el libro y que no ibamos a hablar tanto y eso.

 

Me parece mucho mejor proque entiendo mejor las cosas, no me quedan pequeñas lagunas como antes se me llegaban a quedar. Y... bueno, simplemente el hecho de que sea más didáctico, lo hace más entretenido y más entendible.

 

¿En qué punto has mejorado desde que empezaste el marugoto?

Mejoré en Katakana. El hiragana sí me lo sabía bien pero el katakana sí se me complicaba.

 

¿Hay alguna actividad del libro que sientas que te ha sido mas útil?

Tal vez el escuchar y repetir me ha ayudado en mi pronunciación y me ha dado más confianza para hablar, porque antes era así de ... ¡no no no!

 

¿Con quién hablas afuera?

Con mis compañeros de japonés. O bueno, con todos mis compañeros, si hablan japonés... o también con los compañeros, si son del área japonesa; cuando hablan ellos los escucho y les digo qué dijeron; y así, sé si.estoy bien o no.

 

Entonces, ¿recomendarías el libro a alguien?

Sí, por lo didáctoco que es. Y por ejemplo, simplemente los libros, tienen muchas áreas que te exlican muy bien las cosas, que te las repiten, hasta que las entiendes. Por eso se me hace muy recomendable.

 
 

Naritachi, de dónde vienen las palabras

漢字のなりたち

Cuando hablamos de etimología normalmente buscamos vestigios sonoros de cómo se decían las palabras en la antigüedad, qué significaban o de qué otra lengua se tomaron. En el caso del idioma japonés la etimología también es visual. Cuando Japón adoptó la escritura china (kanji) comenzó un proceso de sincretismo entre los conceptos verbales japoneses y los visuales de china. Explorar el mundo de los significados puede resultar apasionante para muchos. En esta ocasión hemos traducido el origen de dos caracteres kanji. Veamos que tanto puedes percibir de las imágenes que representan los kanjis.

huevo
ON Yomi: RAN

KUN Yomi: tamago

Se dice que Fukugi, rey de China en la remota antigüedad, organizó y difundió las enseñanzas de la filosofía del yin-yang1. Esta filosofía es una forma de pensar según la cual ningún fenómeno del mundo existe de manera independiente; yin-yang significa que el mundo está constituido por formas complementarias. Es decir, es la concepción de que, la vida y la muerte; además de la fortuna y el infortunio, la bondad y la maldad, lo masculino y lo femenino, entre otros más, son conceptos opuestos que están establecidos en el mundo siempre en pares complementarios.

Si la buena fortuna está de visita, la mala suerte viene luego a atacar. Dentro del corazón de la persona malvada también hay bondad; dentro del corazón de la persona bondadosa también existe maldad. Por muy rudo que sea un hombre éste no se habría logrado sin la suavidad de una mujer. Sin embargo, si la mujer o el hombre vivieran sin colaborar entre sí no lograrían superar los problemas.

El kanji simboliza las enseñanzas de la filosofía del yin-yang.

El carácter se compone de dos pictogramas; el que está a la izquierda representa la forma del óvulo y el de la derecha, la de un espermatozoide.

Hace cuatro mil años ya se escribía de esta manera pero, ¿se entendía hasta tal grado que esa era su forma? Fue después que el óvulo adquirió el significado de “yin” y el espermatozoide el de “yang”. El que en el kanji tamago () ambos conceptos se representen juntos muestran que es posible vislumbrar el futuro.

 
(Traducción: Elizabeth Salomón)

 

espíritu

 ON Yomi: REI, RYOU

KUN Yomi: tama, tamashii

Conoceremos un poco de la historia del kanji   que significa “espíritu”. El ideograma está conformado por dos radicales. La parte de arriba es  “lluvia”. La sección de abajo representa “a un chamán (fugeki 巫覡) que está en posición de rezo”.

Un fugeki (chamán o sacerdote) es un hombre o una mujer que presta servicios a un dios. Miko () es la mujer (sacerdotisa) al servicio de un dios, aunque posteriormente se cambió la forma de escribir esta palabra por 巫女 (miko). A los hombres servidores de una deidad se les llama kan’nagi (), y posteriomente se les relacionó con los kan’nushi (神主) o sacerdotes sintoístas.

Con el tiempo, a los fugeki (巫覡) se les llamó de forma abreviada, kan’nagi (). El carácter: (espíritu) representa a “la figura de un sacerdote que reza inclinado para caiga la lluvia por el bien de la tierra”.

En el Japón antiguo, los sacerdotes no sólo tenían poder espiritual. También tenían poder político y la habilidad de recopilar información. Las palabras de los sacerdotes eran también las palabras de los dioses; o dicho de otra forma, sus palabras tenían poder absoluto.

Himiko2 del país de Yamatai3 era una sacerdotisa. En el grupo hegemónico de Yamato esta sacerdotisa tenía el poder supremo.

Según el Gishi-wajin-den (魏志倭人伝), antigua crónica china donde se describen los asuntos de Japón, Himiko era resguardada en la parte más alta de un santuario, donde solamente se permitía la entrada y salida de un hombre jóven que le servía sus alimentos. La vida privada de Himiko, es probablemente el misterio más  trascendente. 

 
(Traducción: Nayelli Berenice)

 

Fuente (Textos e ilustaciones):

小林朝夫 『本当は怖ろしい漢字』 2009年 彩図社

Kobayashi, Asao. Hontoo wa osoroshii kanji. Japón, 2009, Ed Saizusha. 189 pp


(Notas)

1 陰陽道 (おんみょうどう) es el nombre en japonés para esa ideología.

2 Himiko (卑弥呼. Fallecida alrededor de 248) fue una reina chamanesa del Japón de la remota antigüedad)

3 Yamatai-koku (邪馬台国)  Es el nombre de un reino que existió en el archipiélago entre el siglo 2 y 3 d de C. La información sobre este Estado nos llega por crónicas escritas en China y es muy vaga. Se sabe que su gobernante era denominada Himiko.

Tonoharu

 
Juan Antonio Yáñez
Hace alrededor de un mes llegó a mis manos un par de libros que me dejaron tan buen sabor de boca que decidí dedicarles una reseña en este espacio. Si ustedes, lectores, son amantes de Japón, de la historieta, y de los tintes grises que puede cobrar la vida, tal vez esto pueda ser una buena recomendación para rellenar los anaqueles que dedican a estos rubros.


No estoy hablando de lo que canónicamente llaman Manga. En este caso me refiero al proyecto particular de un alma solitaria que decidió volcar 3 años de experiencia en viñetas. TONOHARU es el título de esta serie, nacida de la mente de Lars Martinson, la cual hasta ahora se compone de dos tomos.


Este hombre, ahora treintañero, nacido en Minesota, trabajó como profesor de inglés en Japón dentro de lo que allá conocen como JET Programme; de vuelta en su país, decidió que tenía muchas cosas qué decir al respecto. Antes de continuar, quisiera dar un poco de contexto explicando qué es eso del JET Programme.


El JET Programme —cuyas siglas significan The Japan Exchange and Teaching Programme— es parte de una política educativa que inició en 1987. Según su sitio web, el objetivo desde entonces ha sido: promover el intercambio internacional entre Japón y otras naciones. En términos concretos, lo que las autoridades japonesas han buscado es dotar a las nuevas generaciones de las “herramientas” necesarias para enrfrentar una inminente internacionalización al interior del país. La herramienta para ello es la experiencia internacional y el manejo de la lingua franca de la economía internacional, léase, el inglés. Bajo esta premisa, cada año cientos de angloparlantes son reclutados como profesores asistentes de inglés en las secundarias y preparatorias de todo el país.


Platicando con gente que ha participado en este programa, me ha tocado escuchar fuertes críticas, las cuales es prudente mencionar para comprender mejor el contexto en el que se desarrolla la historia. Por ejemplo, la experiencia ha demostrado que el hecho de ser hablante nativo del inglés no lo hace a uno profesor, ni mucho menos sensible a las diferencias culturales. Otras personas han expresado cierta frustración al darse cuenta de que su labor como maestro es básicamente vomitar frases en inglés para que los estudiantes las repitan una y otra vez. Así, en este mar de choques culturales y sentimientos encontrados, Lars Martinson decidió crear el mundo de TONOHARU, parte ficción, parte realidad, que es el contexto en el que vive Daniel Wells, el protagonista de la historia.


En las viñetas iniciales de TONOHARU, lo primero que uno encuentra es un diálogo privado intenso, un sentimiento de soledad insoportable que acompaña a la inminente decisión de empacar las maletas y volver a casa. Sin embargo, Daniel decide mirar hacia adelante y tomar lo que el destino le ha puesto enfrente. Entonces verdaderamente comienza la historia: Daniel Wells se prepara para empezar su nuevo trabajo como maestro de inglés en la pequeña ciudad de Tonoharu.


Pero, ¿qué tiene de interesante la historia de un maestro de inglés? Bueno, todo depende de las características del profesor y de los personajes que lo rodean. Tenemos así a Daniell Wells, un americano no muy hábil para socializar, pero con una enorme capacidad de introspección. Esto mismo hace que, lejos del esperable festejo de las diferencias entre Japón y el Occidente, TONOHARU sea el fondo de la batalla particular que libra este joven profesor en su cabeza.


En el mundo de TONOHARU también existen varios personajes secundarios que apenas comienzan a mostrar su potencial en la historia. El Sr. Sato —profesor veterano encargado de David—, Alex Hoiman —excéntrico magnate, quien acoge a nuestro personaje principal—, Mori San —compañera de trabajo y amante—, y Costance —rubia colega, en parte culpable de los sinsabores de la vida de Daniel.



Cabe mencionar que el ojo observador bien afinado de Marstinson hace que muchas de las escenas de la vida cotidiana en las pequeñas ciudades, choques culturales y detalles gráficos que adornan cada situación difícilmente puedan ser representadas por alguien que viva fuera de Japón, por mas japonófilo que sea su entusiasmo.


Así pues, Daniel Wells ha iniciado una nueva vida cuyo relato apenas comienza, y aunque los dos primeros tomos no revelan demasiado de los giros que tomará la vida de David, TONOHARU es, a mi juicio, una historia que en adelante promete gratas sorpresas y entretenimiento. Pero eso sí, no esperen un final feliz. Los tomos uno y dos pueden ser adquiridos en línea y —si me permiten revelar una información no confirmada— al parecer en poco tiempo estará disponible una versión en español de la obra. Será cosa de esperar y darle seguimiento. Yo lo haré, y los invito a que también lo hagan.



Una historia clásica de fantasmas: Yuki Onna

Traducida por Juan Antonio Yáñez
 
Adaptada de la recopilación “Kwaidan” de Lafcadio Hearn (1902).

En la provincia de Musashi, vivían dos leñadores, Mosaku y Minokichi. Todos los días abordaban juntos una lancha para ir al bosque. Una tarde fría, iban camino a casa cuando los sorprendió una tormenta de nieve. Ellos se apuraron pero la lancha ya se había ido. Rápido buscaron refugio en una choza. Aseguraron la puerta y se recostaron a dormir.

Mosaku, quien era un hombre viejo, se durmió casi inmediatamente, pero Minokichi, el más joven, se mantuvo despierto escuchando el viento que azotaba la cabaña. Era una terrible tormenta pero al final se quedó dormido. De pronto, Minokichi se despertó al sentir nieve caer sobre su rostro. Abrió los ojos y vio que la puerta estaba abierta, y cuando volteó hacia arriba, vio a una bella mujer vestida de blanco que se inclinaba sobre su rostro viéndolo fijamente a los ojos. Ella se inclinó más y más sobre él hasta que su cara casi tocó la suya. Minokichi sentía su aliento frío, como un humo blanco y brillante. Ella lo veía en silencio, y Minokichi no podía moverse de la impresión. Finalmente ella sonrió y dijo:

Al principio pensé tratarte como a aquel hombre, pero no puedo evitar sentir pena por ti. Eres muy joven y apuesto, así que no te haré daño. Pero si alguna vez le cuentas esto a alguien, yo lo sabré, entonces te mataré. ¡Recuérdalo!

Se dio la vuelta y salió por la puerta. Minokichi finalmente pudo moverse y salió tras ella pero ya era muy tarde. Había desaparecido. Mosaku no se movía; estaba totalmente congelado.


Minokichi nunca dijo nada a nadie. Años después, caminaba por una vereda cuando se encontró con una joven mujer. Ambos conversaron como si fueran al mismo destino. Ella dijo llamarse Oyuki. Fue tanta la simpatía que nació entre ellos que finalmente se casaron y tuvieron dos hijos.

Una noche, después de que los niños se fueron a dormir, Oyuki se sentó junto a la lámpara de papel. Minokichi la observó y dijo:

Viéndote con la luz sobre tu rostro, me hace recordar algo que me pasó hace muchos años. Vi a una mujer tan bella como tu, con la piel blanca como la nieve.

¿Ah, si? cuéntame.
Minokichi le contó todos los detalles de aquel extraño encuentro. Oyuki se levantó en silencio. Acercó su cara a Minokichi y dijo:

¡Era yo! Y te dije que te mataría si llegabas a contar de eso a alguien. Lo haría en este instante; pero sólo por los niños no lo haré. Más te vale cuidarlos muy bien de ahora en adelante, porque si no, te daré tu merecido.

Ella emitió un grito agudo como el viento, y se desvaneció en una ligero humo blanco. Nadie la volvió a ver jamás.



























viernes, 7 de octubre de 2011

AI DONT SPIKU INGURISHU

Juan Antonio Yáñez (desde Japón)


Inaugurando una nueva modalidad, esta vez no tengo ninguna investigación documental. Simplemente quiero compartir una experiencia durante mi estancia de entrenamiento en Japón.

La semana pasada estaba con varios de mis compañeros sentado junto a las puertas del templo Hachimangu en la ciudad de Kamakura, cuando me di cuenta que un grupo de aproximadamente 6 niños nos veía de lejos. Todos vestían ropa similar y usaban la gorra característica de quien va a una excursión. Ellos, sin duda venían hasta este lugar tan turístico en busca de un objetivo, y para mi sorpresa, ese objetivo éramos nosotros. Nosotros, qué digo, bueno... mejor describo lo que a continuación sucedió.

Después de unos minutos de examinarnos desde una distancia prudente, por fin, una niña, la mas valiente del grupo, se acercó titubeante y se lanzó sobre su objetivo. Ella llegó junto a la persona sentada a mi lado, mujer blanca de claros rasgos, si no caucásicos, sí blancos y europeos. Ella disparó a quemarropa: ¨
Hello, my name is Yoko, I come from Gunma. Can I ask you a question?
Oh yes, of course.
What is your name?
My name is Lucy (me reservo la identidad de la víctima)
Where do you come from?
I come for Hungary.
Can you please write your name and your country here?

(ella le dio un cartón donde señalaba los espacios para escribir tal información)

Thank You


A continuación, la niña le dio un papel con su propio nombre y su fotografía, a manera de tarjeta de presentación

Fin del encuentro.

Cuando el resto del pequeño pelotón vio el ejemplo, uno a uno eligieron objetivo y se lanzaron en picada. El primero se abalanzó sobre el pequeño amigo de piel blanca y ojos claros; él, por cierto es chileno. El siguiente se dirigió hacia la elegante profesora de Ucrania. Quedábamos dos con vida y después de unos 30 segundos, fui yo el siguiente objetivo, luego el de Guatemala, y finalmente, mi compañero de Indonesia encontró su turno.

No sé si el pequeño pelotón de Gunma obtuvo lo que buscaba. Pero este pequeño encuentro multicultural a mi juicio dejó ver cómo desde el siglo XIX y hasta la actualidad, Japón, como colectividad, se sigue relacionando con aquello que proviene de afuera.

En este aparentemente inocente diálogo, existe una agenda que si bien no es explícita, sí es fácilmente deducible. Los niños, en su clase de inglés, recibieron una instrucción: Vayan a Kamakura y busquen a algún grupo de “extranjeros” (gaikokujin 外国人). Una vez con ellos, practiquen el siguiente patrón (saludo, auto presentación, permiso, obtención de información, retroalimentación y despedida).

Es notorio que los niños practicaron mucho y cumplieron con la consigna. Ahora, la parte ideológica que hace interesante este episodio está en la forma como eligieron a las personas ideales para tal actividad.

Encontrar a un gaikokujin, requiere una labor de reconocimiento visual en el que se asoman viejas imágenes que por lo visto siguen definido a lo japonés con lo que no lo es.
Ellos desde lejos buscaban elementos semióticos, pistas relacionadas a un concepto viejo y anquilosado: el gaikokujinjin perteneciente al Occidente, por lo tanto blanco y angloparlante. Ahí está... la mujer alta blanca de gran nariz. Luego, el gradiente de tonalidades se fue oscureciendo de manera evidente.

No sé si ellos quedaron satisfechos con lo que obtuvieron de nosotros; pero me atreveré a decir que en el afuera (soto ) del círculo de intimidad japonesa ( es decir, el adentro, uchi ), la lengua que define al soto es el inglés; por tanto, la representación social de un Soto dibuja un ambiguo boceto compuesto por 3 elementos generales raza blanca-idioma inglés-Europa/EU. Lo demás, por eliminación se fue dando.

La ironía en esto es que ahí estábamos, cinco extranjeros de los cuales ninguno es hablante nativo del inglés; sin embargo, no sé si los niños en algún momento hicieron conciencia de ello, o en su defecto asumieron que la extranjeridad por definición trae consigo a la lengua inglesa en la garganta. Por eso y muchas razones, desde entonces me he hecho varias preguntas:

  • Estos niños ¿irán a reprobar por hacer el ejercicio con gente que no es hablante nativo del inglés?
  • Si hubiera estado con nosotros la compañera de Corea, ¿ellos se habrían acercado a entrevistarla?
  • ¿Por qué no la pregunta inicial fue: Excuse me, do you speak English?
  •  ¿Habrán considerado que nosotros tal vez no les entenderíamos?
  • ¿Sus profesores, tendrán la conciencia de que mas allá de los mares, existen cientos de lenguas y que existen muchísimos extranjeros que van a Japón y que en verdad no dominan la lengua inglesa?
  •  (pregunta para lingüistas) ¿Qué opinaría de este encuentro gente como Tove Skutnabb-Kangas?


Al final, supongo que no debo de ser tan radical. La agenda escondida (o mas bien creo que es explícita) del Ministerio de Educación dice que, en un mundo tendiente a la “globalización” el inglés es la lengua elegida para que Japón se relacione con el mundo exterior. Los contraargumentos a esta realidad, se los dejo a los expertos, aunque supongo que los retomaré la próxima vez que alguien en este país me vuelva a contestar en Ingurishu.

domingo, 23 de mayo de 2010

De China a la tierra de sus ancestros: la historia de los zanryūkoji.

Juan Antonio Yáñez


...las luces centellantes del Aeropuerto de Haneda, los asientos acolchonados de los trenes, la vida en el país de mis sueños rebosaba de esperanza. Sin embargo, en el tercero de secundaria, mi sueño se desmoronó: “Chino...”, “lengua rara...”; la gente a mi alrededor me miraba como a un extraño.
                                        (Yomiuri Shimbun, Junio 15 de 2005)


La anterior es parte de la crónica de un hombre quien en los años ochentas llegó por primera vez Japón, la tierra de sus ancestros. Él, como muchos otros, carga en su identidad un eco del pasado colonialista japonés. Esta es la historia de los zanryūkoji.

Recordemos que durante la primera mitad del siglo XX, el Gran Imperio Japonés abarcaba una amplia región que incluía al archipiélago japonés, Taiwán, Corea y Manchuria, en el norte de China. Cuando aquel proyecto colapsó en 1945, existía una considerable población de colonos japoneses, sobre todo en Manchuria, conformada por mujeres, niños y ancianos. Por la pobreza y la animadversión por parte de la población local, al encaminarse de vuelta a casa, muchos decidieron “dejar atrás” a sus niños con familias locales para garantizar su supervivencia (Asano, 2003).


                            
 Al terminar laSegunda GuerraMundial, muchos hijos de colonosjaponeses fuerondejados en Chinacon familias locales.

En los años setentas, cuando se reestablecieron las relaciones con China, Japón abrió las puertas a aquellos descendientes de los colonos que no habían sido repatriados. Sin embargo, muchos permanecieron en China donde vivieron y crecieron. Luego, en 1981 se estableció un sistema de repatriación mediante el cual, muchos“regresaron” a Japón para reunirse con sus familiares, aunque la mayoría en realidad nunca habían pisado suelo japonés. Hasta hoy, aquel sistema es muy riguroso, al grado que, para comprobar la ascendencia, se requiere un examen genético.
Los medios japoneses pronto nombraron a estas personas: zanryūkoji (残留孤児), es decir, los “huérfanos dejados atrás”. La ironía en este término es que la mayoría son ahora adultos mayores que han llegado acompañados de su pareja y descendencia, de origen chino la mayoría de las veces. Según estadísticas del Centro de Promoción del Establecimiento de Repatriados de China (中国帰国者定着促進センター), desde 1972 hasta el 2006, el número de zanryūkoji que llegaron para residir permanentemente en Japón fue de 20,237 individuos.

A pesar del reconocimiento de su sangre japonesa, los zanryūkoji y sus familiares experimentan problemas para integrarse a la sociedad local. Su estatus ambiguo como “no del todo japoneses” los ha hecho susceptibles a atropellos legales, laborales y en el ámbito escolar. Discriminación, despidos producto de la barrera del idioma, e incluso el no reconocimiento de su lazo filial en disputas legales; son problemas que emergen cuando la diferencia de estos personajes revive supuestos de superioridad étnica, herencia del pasado colonial (Asano, 2003). Todo ello, en conjunto, ha mantenido a muchos dependientes de los servicios de seguridad social (Nishioka, 2005).


Mediante carteles como este, en Japón aún se busca reuni a los descendientes de los antiguos colonos con aquellos individuos que vivieron toda su vida en China.


Una de las ironías del mundo multicultural es que, mientras la diversidad étnica y cultural es la norma en muchos países, estos personajes que han obtenido el derecho de estancia en Japón no tienen garantizada una estabilidad ni legal, ni en lo cotidiano. Así, los llamados zanryūkoji se han convertido en una minoría de aspecto japonés, pero cultural, lingüística y psicológicamente distinta a la norma local. Y su experiencia, junto con la de otros grupos como los Nikkei latinoamericanos (extranjeros de ascendencia japonesa) y los Kikokushijō (jóvenes que por motivos de trabajo de sus padres, han pasado largos períodos viviendo en el extranjero) han despertado serias preguntas en cuanto a la capacidad de la sociedad japonesa para adaptarse a un mundo más global.


Referencias:

Asano, M. (2003). Betweeen colonial racism and global captialism. Japanese repatries from northeast China since 1946. American Ethnologist, Volume 30 Number 4, November 2003. pp. 527- 539.

Nishioka, H. (2005). As Japanese, we wish to live as respectable human beings. Orphans of Japan`s China War. Recuperado [2 de Mayo de 2006] de [http://www.zmag.org/content/print_article.cfm?itemID=9047&sectionID=17]

Centro de Promoción del Establecimiento de Repatriados de China (中国帰国者定着促進センター )  http://www.kikokusha-center.or.jp/kikokusha/kiko_jijo/chugoku/mhwdata/johkyo.htm

miércoles, 12 de mayo de 2010

Kimono: en la vida tradicional japonesa


Alma Hernández y Edgar Cruz

El Instituto Toka de instructores de kimono, fue fundado en el año 1975 en Japón. Sus actividades principales son enseñar y capacitar en el modo de vestir el kimono y la etiqueta cordial, transmitidos a lo largo de la historia en Japón. Uno de los objetivos es difundir la cultura tradicional japonesa mediante el intercambio internacional.

El Instituto Toka, como parte de su programa de actividades de intercambio cultural en México y en el marco de esta especial celebración del 400 Aniversario México-Japón, participó y festejó este momento conmemorativo presentando el evento kimono vestido tradicional japonés.





Kimono: en la vida tradicional japonesa.
El evento se realizó en el Salón Constelaciones del Hotel Nikko México, el pasado 28 de febrero del presente desde las 12:00 a las 16:00hrs. Fue entrada libre, con cupo limitado debido a la colocación de las sillas para el público, lo cual impidió que se diera una concurrida asistencia capaz de convocar a más de 400 personas. En su mayoría jóvenes acompañados por padres y familiares.
Los patrocinadores fueron: El Comité Organizador del "400 Aniversario México-Japón" y el Consejo de Promoción Turística de México.





El programa tuvo el siguiente orden:

Presentación del "kimono", baile tradicional japonés
Demostración del modo de vestir el "kimono" y diferentes maneras de ornamentar el "Obi" (cinturón)
El "kimono": a través de la vida tradicional en Japón:
-Visita del recién nacido al santuario
-Festejo de los niños de 3, 5 y 7 años
-Boda
- Festejo al cumplir sesenta años
Pasarela de "kimono" de lujo

Talleres:
"Origami"(arte de papel)
"Yukata" (vestir el kimono sencillo)
"Furoshiki" (uso variado de tela cuadrangular tradicional)

Como muestra de este constante intercambio cultural entre estos dos países, lo pudimos observar durante la exhibición de kimonos, en una pasarela conformada por modelos mexicanos y japoneses.



sábado, 5 de septiembre de 2009

ATRAPADOS ENTRE DOS CULTURAS: LOS KIKOKUSHIJO

Juan Antonio Yáñez

En la primaria, mis compañeros me llamaban “gaijin” (extranjera). También me decían así otros niños del rumbo y algunos maestros. Primero no me importaba, era divertido ser diferente. Eso lo aprendí en el kinder al que asistí en California, donde había mucha gente de distintas razas. Pero de repente, aquello ya no fue lo mismo. Yo estaba en un sitio donde me llamaban gaijin, lo cual era algo para sentirse avergonzada... te lo digo por la manera en que lo decía la gente.

Este es un fragmento de una entrevista de la socióloga australiana Gaynor Macdonald, a Akiko, una estudiante universitaria japonesa con una historia que es cada vez menos extraña. Como mucha gente, Akiko pasó parte de su infancia en el extranjero.

Según estadísticas oficiales del Ministerio de Asuntos Exteriores (gaimusho, 外務省), de 1990 hasta octubre del 2007 el número de residentes japoneses en el extranjero aumentó en 175%. La cifra más actual dice que fuera de Japón viven 1,085,671 japoneses cuya mayoría se concentra en Norteamérica (38.8%), Asia (26.4%), Europa (16.09%) y Sudamérica (7.92.7%). Las cinco naciones con más residentes japoneses son los Estados Unidos, China, Inglaterra, Australia y Brasil. Por si se lo pregunta, México está en el lugar 23 con 5,849 individuos. Por ciudad, tenemos que Los Angeles es la metrópoli que concentra la mayor densidad de japoneses, seguida por Nueva York, Shangai, Bangkok y Londres. La Ciudad de México, ocupa el lugar 47 con 2,486 individuos registrados.

Ese aumento de las cifras tiene una razón histórica, considerando la expansión de los capitales japoneses por todo el mundo. La historia se repite cada día; empleados de las grandes corporaciones sirven a su empresa dos o tres años en el extranjero y sus familias van con ellos a donde son requeridos. Y ¿qué sucede con los hijos? Ese problema explica la existencia de tantos colegios japoneses en el mundo. Sin embargo, a menudo no existe esa opción o no interesa a mucha gente. De hecho, según las estadísticas ahora hay casi 17 mil niños japoneses cursando la primaria y casi 7 mil cursando la secundaria en sistemas distintos al japonés. Se dice que los viajes ilustran y el contacto con otra cultura siempre es una experiencia gratificante. Sin embargo no lo es tanto cuando esto se convierte en un estigma; esta es la historia de los kikokushijo (帰国子女).

Kikokushijo es un término acuñado por los medios, el cual fluyó rápidamente al lenguaje cotidiano. Sus caracteres denotan a mujeres y niños que han regresado al país. Esta etiqueta implica una posición ambivalente. Por un lado, se es una persona impregnada de una cultura distinta, lo cual otorga un exotismo muy llamativo. Sin embargo, también se lleva la marca de la disrupción en un Japón que se aferra a la continuidad de los valores tradicionales.

Esto, según Akiko, no es una exageración. En un país donde la conformidad es la norma de la educación, si un niño pierde un año de escuela, deja de aprender patrones de comportamiento esperable; se pierde de normas de relación humana y de un conocimiento del mundo que habrían de compartir por lo menos parcialmente con los demás. Akiko menciona:

Creo que la gente asume que si eres japonés puedes comunicarte sin verbalizar lo que quieres decir. Pero conmigo, la gente tenía que hacer explícitas cosas que normalmente no hace. Como en una ocasión cuando estaba hablando sobre “la naturaleza”. Los japoneses parecen hablar del clima en términos generales pero no de elementos específicos de ésta. Una vez estaba caminando en silencio con una compañera en un jardín y me sentí obligada a comenzar una conversación. Yo dije algo como: ¡Oh, qué bonita flor! Ella se dijo sorprendida por mi comentario y lo atribuyó a que yo había vivido fuera. Supongo que ella hubiera hablado del jardín, pero nunca de la flor.

Su estatus frente al resto de la sociedad es ambiguo, lo cual crea tensión que puede llevar al conflicto y a la exclusión. Actitudes negativas, comentarios, burlas y problemas para encontrar empleo, son parte de los pormenores que enfrentan. Los kikokushijo encarnan una mezcla inestable de un Yo convertido en Otro, un Otro convertido en Yo. En su estilo “no muy japonés”, llevan la semilla del biculturalismo y de una vida cosmopolita. Para muchos, esa vida cosmopolita ha sido la clave para explotar las diferencias. Muchos son empleados por las empresas que valoran su conocimiento de otras lenguas y otras culturas; sin embargo otros ocultan esa parte de su identidad para evitar la pena de convertirse en el centro de los comentarios, las miradas y los juicios morales.

Las autoridades han creado programas de re-inserción de estas personas en el sistema educativo. El objetivo es que re-aprendan su lengua y las habilidades sociales de su cultura en un ambiente menos hostil. Hay también programas especiales de admisión en las universidades, asumiendo que ellos llegan a competir por un lugar en franca desventaja. No obstante; la “re-japonización” ha sido una empresa difícil, ya que muchos o no pueden pagar o no creen en las supuestas ventajas de la asimilación. Por otro lado, en la medida que las fronteras se han hecho difusas, muchos otros japoneses han salido en busca de oportunidades que no encuentran en casa. Unos estudian la universidad, otros optan por enseñar japonés, otros se casan y forman matrimonios internacionales y ellos tampoco quedan exentos de problemas al reinsertarse en su propia sociedad.

Siguiendo a Macdonald, si en verdad existe un problema ¿de quién es este problema? Normalmente se asume que el problema recae en el individuo que regresa y detrás de ese implícito se asoma la ambivalencia de Japón ante la internacionalización de su sociedad. Sin embargo, el panorama no es oscuro, considerando que la sociedad tiende a crear nuevos patrones culturales. Como se mencionó, muchos kikokushijo son valorados por sus habilidades biculturales lo cual implica una oportunidad para adherir nuevos significados a su figura, romper con el estigma de la diferencia y contribuir a la consolidación de una sociedad japonesa sobre una base multicultural.

Referencias:
平成19年の海外在留邦人数調査統計
En: http://www.mofa.go.jp/MOFAJ/toko/tokei/hojin/08/index.html

Macdonald, G. & Kowatari, A. (1995) A Non-Japanese Japanese: On Being a Returnee. En: Maher, J. & Macdonald, G. (1995). Diversity in Japanese Culture and Language. London: Kegan Paul International.