viernes, 5 de agosto de 2011

Japón y la bomba a 64 años: entre la memoria colectiva y el olvido social.

Juan Antonio Yáñez

Conferencia presentada en el “64 ANIVERSARIO DE LOS BOMBARDEOS A HIROSHIMA Y NAGASAKI (Dentro del marco de la Marcha Mundial por la No Violencia) Viernes 28 de agosto de 2009 Auditorio “Rosario Castellanos” CELE

Este 2009 se conmemora un año más de la destrucción de Hiroshima y Nagasaki. Como un capítulo negro en la historia de la humanidad, el recuerdo de este evento se mantiene de manera semiótica, en la forma de un hongo que nos cuenta una historia. Es a partir de esto que decidí barajear un par de ideas alrededor de la bomba, pero sobre todo de la guerra y de cómo estos eventos se mantienen en la memoria colectiva (Halbawchs, 2007) del Japón contemporáneo.

El pasado 15 de Agosto, el primer Ministro japonés Taro Aso, participó en la ceremonia conmemorativa del 64 aniversario del fin de la guerra. Parte de su discurso fue el siguiente: Japón causó tremendo daño y sufrimiento a muchos países, especialmente a los de Asia. En representación del pueblo japonés, desde aquí expreso mi arrepentimiento y condolencias por todos los caídos en la guerra. (1)

Sus palabras no pasaron desapercibidas, ya que aunque no es la primera vez, sí rompen con una vieja práctica de conmemoración y recuerdo. Para dar a entender esto, podemos comenzar  viendo a la guerra y la bomba como productos sociales que tienen varios rostros.

En el pensamiento social, su memoria permanece en la medida que se convierten en temas de encuentros, diálogos y ceremonias que cíclicamente los sacan del desván para refrescar la memoria de quienes están interesados en conservarla. 

Desde la mirada que aquí planteo, recordar es un acto que la gente hace en conjunto, a partir de imágenes, conceptos y conocimiento que comparte cada persona con sus pares. La guerra y las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, son en efecto, temas de dominio público. Empero, considerando que en una sociedad pueden haber tantas memorias como grupos que la conforman, estos eventos se convierten  fácilmente en motivos de conflictos en cuanto a qué y cómo se han de recordar.

Como sabemos, la guerra del pacífico se peleó entre 1941 y 1945 entre el Gran Imperio Japonés y las Fuerzas Aliadas. Hoy en día, su recuerdo toma la forma de narraciones con una estructura en la que la destrucción de Hiroshima y Nagasaki es la parte resolutiva de un conflicto central.

Esto es evidente en la narrativa que el historiador norteamercano John Dower (1986) llamó: gracias a Dios está la bomba, que dice así: La guerra en el pacífico fue terrible; sin embargo, las bombas atómicas pusieron fin a la confrontación. Se trató sin duda de una decisión difícil que salvó muchas vidas y evitó mayor sufrimiento ante una invasión inminente al archipiélago japonés.

Esta narración heróica fue y ha sido sostenida por las autoridades norteamericanas al grado de que hoy mismo, todavía mucha gente la da como un sobreentendido.

Por otro lado, existe también la visión de los vencidos: El pueblo japonés fue víctima de la nueva arma atómica, pero sobre todo, del egoísmo de sus autoridades militares que los llevaron a la guerra.

En Japón, la experiencia del bombardeo atómico justificó (por supuesto) esta forma de ver el pasado donde resaltan una actitud pacifista y una imagen mítica de Japón como una víctima. Esto, por supuesto, no tiene nada de malo, y tampoco es un hecho fortuito, considerando que en los 10 años de ocupación después de la derrota, Japón redefinió su identidad como una nación moderna.

Eso requirió de una historia oficial que explicara el pasado reciente. El reto fue entonces crear una nueva narrativa que marcara una distinción en el tiempo entre un pasado contaminado y un nuevo presente; un pasado beligerante y un presente amante de la paz. De esta forma, el asunto del recuerdo pasó a ser parte de una  política de Estado. 

La conmemoración y el recuerdo del pasado, desde entonces fueron estratégicamente selectivos en sus formas y en su lenguaje. Año con año se conmemora el 15 de agosto como Shusenbi (終戦日), o “el fin de la guerra” (mas no la derrota). Igualmente, en los libros de texto se cuidaron mucho las formas descriptivas cuando no se omitieron detalles como el avance de Japón sobre Asia (mas no la invasión) o el incidente de Nanking (mas no la masacre).



La víctima habitó los libros de texto, los documentales de televisión, y pronto apareció en la literatura y el cine. La antropóloga Nahoko Shimazu (2003) señala que una herramienta de la que se valió el sistema educativo para cultivar un sentimiento pacifista entre los jóvenes, fue la literatura que tomó a la bomba atómica de Hiroshima como contexto de historias de victimización. La imagen de la víctima se convirtió así en la piedra angular con la que el japonés promedio aprendió a construir una identidad  nacional amante de la paz.

En una narrativa en donde la bomba cae sobre Japón sin un contexto histórico detrás, la víctima vive tranquila, libre de culpas que sin embargo sus vecinos de Asia reclamaron por años. La responsabilidad, en efecto, no tiene cabida en la imagen idealizada de una víctima; y es ahí donde la contracara de la memoria colectiva se deja ver en el olvido social.

Como mencioné en un principio, en un país existen tantos grupos como narraciones y formas de ver la realidad; de ahí que es preciso señalar que el recuerdo de la guerra y de las bombas atómicas involucró de un acto de coerción en la edición de eventos. Siguiendo la lógica de la víctima, las autoridades conservadoras (del PLD) por años negaron la responsabilidad de Japón en el conflicto armado.  Sin embargo, aún cuando es muy común escuchar sobre la amnesia histórica de Japón, la verdad es que siempre han existido voces que le recuerdan asuntos sin resolver.

Cuando se busca imponer una versión del pasado, ciertos acontecimientos no se narran y se diluyen en el olvido, o por lo menos, eso pretenden quienes tiene el poder y la palabra. Así, asumiendo una identidad pacifista, la guerra difícilmente ha sido un tema para las nuevas generaciones. Sin embargo, como el pensamiento social no es estático ni uniforme, el silencio no pudo ser eterno.

En los años noventas Japón ya no era el mismo por muchas razones. Me reservaré decir que aquel fue un momento en el que frente al antiguo reclamo de responsabilidad, surgieron nuevas actitudes progresistas. Las disculpas por los crímenes de guerra finalmente llegaron en distintos momentos como el que nos muestra el discurso de Taro Aso.

 Con todo ello, también llegaron un nuevo interés de la gente y un renovado reclamo por parte de sectores nacionalistas furiosos. El ejemplo más tangible de esto lo muestra la controversial versión de la guerra en historieta, editada por Yoshinori Kobayashi. Ésta en su momento fue un best seller que revindicó a la historia de la guerra como un tema entre un público joven y sin muchos referentes.

Se trata de una nueva narración del pasado que justificó la guerra como una empresa de liberación de Asia frente al colonialismo occidental, donde la bomba atómica se presentó como un crimen de guerra por parte de los Estados Unidos, y al mismo tiempo, como parte de una campaña ideológica encaminada a moldear a la “víctima” acorde a los intereses norteamericanos. 

De los noventas a la fecha, esta narrativa ha competido con la imagen pacifista de la víctima al presentar a un Japón orgulloso de su pasado beligerante y a la vez displicente y cínico ante su actuar durante la guerra. Sin embargo, a pesar del interés que generó, no se puede afirmar que esta mirada pueda suplir a la vieja narrativa. A final de cuentas, la sociedad japonesa habrá de continuar confrontando versiones y buscando historias alternativas que otorguen significados mas ricos a una sociedad japonesa que se transforma rápidamente.

Para finalizar, diré que en este rápido vistazo a la memoria de la guerra, lo que quiero resaltar es que su recuerdo ocurre en medio de una confrontación constante entre versiones de lo ocurrido. La narrativa de la víctima por años encarnó agenda de los gobiernos de la posguerra para quienes el olvido social garantizó la continuidad de una sociedad más ocupada en construir un nuevo futuro que en revivir un pasado que en muchos sentidos contradecía la nueva fisonomía de la sociedad japonesa.

Entonces, la manera como se recuerda el pasado nunca será un acto neutral. Gracias a la memoria colectiva, la identidad grupal y sus proyectos permanecen; esta es al parecer la única garantía de que el grupo seguirá siendo el mismo. Ese es también, un problema político en medio del cual la identidad nacional japonesa continúa su propia definición.






1. The Japan Times, 16 de Agosto de 2009.


Referencias.
Dower, J. (1986) War without mercy. Race and Power in the Pacific War. New York: Pantheon.
Halbawchs, M.  (2004). Los marcos sociales de la memoria. Barcelona: anthropos.
Shimazu, N. (2003). Popular Representations of the Past. The case of Postwar Japan. Journal of Contemporary History, Jan, 2003, vol. 38, p.p. 101-116



miércoles, 6 de julio de 2011

El canto de los dos García

Juan Antonio Yáñez 

Todos sabemos que ACIA es una escuela muy particular. Uno de nuestros objetivos últimos es alimentar el interés por lo que ocurre en Asia, y más si son eventos que vinculan a nuestro país con las naciones más allá del Océano Pacífico. Buscando las notas deportivas en este sentido, nos encontramos con una agradable coincidencia: LOS DOS GARCÍA están cantando fuerte en Asia. 

Es muy probable que nadie lo sepa, porque la televisión no lo dice. Pero desde hace unos meses, México tiene otra vez, dos representantes que están dando de qué hablar tanto en Japón como en Corea.


Y es que el pasado 7 de junio, el equipo japonés Rakuten Goden Eagles firmó al pelotero mexicano Luis Alfonso García por lo que resta dela temporada 2011, con opción a extender su contrato para el año siguiente.
Este equipo de beisbol, patrocinado por una conocida empresa de internet,  tiene su sede en la ciudad de Sendai y aunque existen grandes expectativas hacia ellos para incidir en el ánimo de la población de la región de Tohoku, tal parece que este año no las han traído todas consigo. Por este motivo, el compromiso de Luis Alfonso es grande, y aunque su inicio fue lento, poco a poco se ha comenzado a ganar la confianza de los aficionados que diario abarrotan el estadio cuyo nombre causaría hilaridad en México: el Kleenex Stadium.


Nombre: Luis Alfonso García
Edad: 33 años
Nació en: Guadalajara, Jalisco
Equipo: Rakuten Golden Eagles
Equipo anterior: Sultanes de Monterrey
Extras: Ha representado a México en torneos mundiales, panamericanos y preolímpicos.
Considerado uno de los bateadores más completos del beisbol profesional mexicano.

Por otro lado, cuando todos pensábamos que su historia en el beisbol de Corea había tenido su punto final, el sonorense Karim García regresó con nuevos bríos a una nueva conquista de la liga coreana. Entusiasmado por la gran experiencia anterior, el jugador mexicano firmó un nuevo contrato por lo que resta de esta campaña. Dejando atrás a su antiguo equipo, Lotte Giants, ahora viste un nuevo uniforme, el de los Hanwha Eagles. Desde su llegada, Karim volvió a acaparar los reflectores de los medios coreanos y ya en el campo de juego, dejó en claro que aún tiene muchas emociones que ofrecer a los entusiastas seguidores de su nuevo hogar adoptivo: la ciudad de  Daejeon.  



Nombre: Gustavo Karim García
Edad: 35 años
Nació en: Ciudad Obregón, Sonora
Equipo: Hanwha Eagles
Equipo anterior: Sultanes de Monterrey
Extras: Jugó con los Yanquis de Nueva York la Serie Mundial del 2003.
En su carrera ha jugado en las ligas mayores, y en las ligas de México, Japón y Corea.

sábado, 18 de junio de 2011

¡Kawaii! Género y poder en la cultura de lo lindo.

Juan Antonio Yáñez

Boletín 16, noviembre-diciembre de 2008


Hace unos años, tras regresar de un viaje a Japón, le regalé a una amiga un llaverito. Su reacción fue más racional que emotiva; nunca pensé que un maldito llavero diera pie a una pregunta para la que apenas encontré una respuesta. ¿Por qué los japoneses tienen tantas de estas cosas? ¿Por qué estas cosas siempre tienen que ser tan “lindas”? Su pregunta me resultó interesante, considerando que la dulzura convertida en mercancía, tal vez sea uno de los principales anzuelos que tiene la cultura japonesa para miles de jóvenes “japonófilos” en todo el mundo.

Cualquiera que haya ido a Japón puede dar razón de la ubicuidad de lo lindo en ese país. Caras tiernas e infantiles adornan las revistas, la dulce voz de una joven anuncia al siguiente bateador, y cangrejitos sonrientes te advierte del peligro de recargarte en la puerta corrediza del tren. De hecho, no es necesario tener nexos con Japón para ser partícipe de la cultura de lo lindo; ya que la podemos encontrar en nuestros lápices, libretas y en nuestros paquetes de hamburguesa y papas.
.
Una posible explicación de los “por qués” de esta faceta de la cultura pop japonesa la aporta Brian Mc Veigh[1] , a partir de los significados sociales que comunica la lindura dentro del tejido social japonés. La postura de este antropólogo norteamericano es radical, ya que encuentra raíces sociopolíticas que se proyectan hasta las formas más banales en las que los japoneses llevan sus relaciones interpersonales. Lo lindo o kawaii, dice Mc Veigh, está en relación estrecha con los sentimientos entre los miembros de una sociedad, que en el caso de Japón, es esencialmente vertical. Aunque los tiempos cambian, las jerarquías entre maestro-alumno (sensei-seito), superior-inferior (sempai-kōhai), etc., siguen siendo importantes. Sobre este trasfondo, lo lindo suaviza los encuentros entre las jerarquías sociales, y al mismo tiempo las refuerza cargándolas de sentimientos paralelos de lealtad, compromiso e incluso obediencia. 

Lo kawaii tiene una carga semiótica; es entonces un canal efectivo para movilizar y comunicar concepciones del mundo. Comunica valores de jerarquía, obediencia y empatía, que sobre una lógica confuciana privilegian a una autoridad poderosa y masculina sobre otros personajes carentes de poder; esto incluye una relación hegemónica del hombre sobre la mujer. Entonces, detrás de la red de significados relacionados con lo kawaii, existe una estructura de poder enraizada en sus características. ¿Qué hace a algo o alguien kawaii? Entre muchas otras cosas, está la capacidad para despertar el instinto protector entre las personas del alrededor. Esto lo logran 1) cualidades de la forma, como caras redondeadas e infantilizadas y 2) cualidades deseables dentro la estructura vertical de la sociedad como el ser alegre (akarui), empático (omoiyari) y obediente (sunao). 

Pero, ¿qué tiene de malo ser alegre, empático y obediente? Absolutamente nada. Sin embargo, hay que resaltar que dentro de la estructura vertical de la sociedad japonesa, tales atributos generalmente fluyen de abajo hacia arriba y son esperables en la gente ubicada en el polo carente de poder: los niños y sobre todo las mujeres. ¿Quién consume los objetos kawaii? ¿Quién desea ser kawaii? ¿Quién desea que otros sean kawaii? Antes de tachar a Mc Veigh de tajante y aguafiestas, cabe decir que él aclara que no todas las mujeres japonesas gustan de lo kawaii. Sin embargo, la norma social sí está disponible en muchos productos por los que la gente paga dinero. A final de cuentas, un objeto kawaii obtiene su valor comercial de su capacidad para comunicar un simbolismo que el comprador asume y hace parte de sí.

Es interesante lo que podemos encontrar detrás de figuras aparentemente tan inocuas y también es interesante saber que podemos encontrar figuras tan inocentes y tan cargadas de significados en nuestra propia cotidianidad. Es sólo cuestión de ponernos a pensar qué es lo que están comunicando esos muñequitos que los vecinos pegaron en la parte trasera de su camioneta.     

Mc Veigh, B. (1996). Commodifying Affection, Authority and Gender in the Everyday objects of Japan. Journal of Material Culture, Vol 1 (3): 291-312.


[1] Brian Mc Veigh trabajó muchos años en la Universidad Tōyō Gakuen; actualmente es profesor de antropología en la Universidad de Arizona.

sábado, 4 de junio de 2011

INDIO VS HINDÚ, Un gentilicio incomprendido

Elizabeth Salomón C.

(Publicado en el Boletín ACIA número 1, Marzo-Abril de 2006)

Mucho se ha discutido acerca de cuál es el gentilicio adecuado para nombrar a los originarios de la India. Los dos vocablos propuestos son indio e hindú, y cada uno de ellos representa una forma distinta de ver a este subcontinente. La lengua española actual toma ambos términos como sinónimos, no obstante el disímil origen y significado de las palabras. Entonces, ¿cuál expresión es más recomendable usar?
El DRAE (Diccionario de la Real Academia Española) dice de indio:
1. adj. Natural de la India. U. t. c. s.1
2. adj. Perteneciente o relativo a este país de Asia.
3. adj. Se dice del indígena de América, o sea de las Indias Occidentales, al que hoy se considera como descendiente de aquel sin mezcla de otra raza. U. t. c. s.
4. adj. Perteneciente o relativo a estos indios.
En esta definición encontramos que el gentilicio ocupa la primera acepción del término, es decir, como su significado esencial. Por el otro lado el DRAE nos dice de hindú:
(del fr. hindou)
1. adj. Natural de la India. U. t. c. s.
2. adj. Perteneciente o relativo a este país de Asia.
3. adj. Perteneciente o relativo al hinduismo.
4. adj. Partidario del hinduismo o adepto a él.
Aquí comienza el debate. Al encontrar en esta palabra la misma acepción que la anterior, nos da la impresión que ambos términos son sinónimos. Es conocido el hecho de que la palabra hindú designa a los profesantes del hinduismo, más que a los naturales de la India.  Sin embargo, la acepción referente a la filiación religiosa es recogida por el DRAE, como penúltima debido a que los hispanohablantes ya casi no usan el término hindú para referirse a una filiación religiosa, sino erróneamente, como gentilicio. Y digo erróneamente porque en la India, además de hindúes, hay cristianos, musulmanes, budistas. Llamar hindúes a todos los naturales de este país, es como llamar católicos a todos los mexicanos, cuando en nuestro país también hay otras importantes comunidades religiosas.
Pero, ¿cómo llegamos a esa aparente sinonimia? ¿Por qué el término hindú ha venido a servir de gentilicio? Los primeros pobladores de la región que hoy conocemos como la India no se dieron un único nombre a sí mismos, no tuvieron todos uno mismo gentilicio. Se identificaban usando cada uno el nombre de su casta (jaati), el cual también indicaba su filiación religiosa. Los términos India y, por consecuencia, indio, provienen del árabe Hind, corrupción del sánscrito Sindh, nombre que recibía una provincia de la región. Más tarde, los portugueses, españoles e ingleses variaron la pronunciación recibida de los árabes, y nació así el nombre de India, y fueron los españoles quienes terminaron por llamar las Indias a aquel país y sus alrededores.
Es ampliamente conocido el hecho de que, al ser descubierto el continente americano, los europeos inicialmente creyeron haber encontrado una nueva ruta marítima a las Indias. Al descubrimiento de nuestro continente siguió el nacimiento de un nuevo par de conceptos geográficos: las Indias orientales (propiamente la India) y las Indias occidentales (el continente americano)2. Desde entonces y hasta nuestros días los nativos de América han sido llamados indios y, a pesar de que hace ya varios siglos se descubrió aquel error geográfico, el uso del gentilicio indio prevalece en Iberoamérica.
El habla común dio una solución aparente a esta duplicidad semántica, adoptando uno diferente para los indios que le eran menos familiares, menos cotidianos, los que al grueso de los hispanohablantes les parecían menos indios: los indios de la India. Pero, ¿por qué se eligió llamarles hindúes?
Más de la mitad de los hindúes del mundo habitan en la región norte de la India. De este hecho es fácil inferir que otros países vieran al hinduismo como un rasgo característico de su cultura y esto, aunado a la similitud fonética de ambas palabras (ind-), los llevara a englobarlos a todos bajo el término: hindúes.
Hindú aparece por primera vez en el DRAE en su 19ª edición, en 1970:
Hindú: (del persa hindû)
1. a dj. Natural de la India. U.t.c.s.
2. Perteneciente o relativo a éste estado de Asia.
En la siguiente edición del diccionario, en 1984, se registra la acepción religiosa:
Hindú: (del persa hindû)
1. adj. Partidario o adepto del hinduismo.
2. Por extensión, natural de la India. U.t.c.s.
Pero en el habla común se continuó usando esta palabra como gentilicio, por lo que, en su siguiente aparición en el DRAE, lleva la misma definición que llevara en la primera. Tiempo después se añadió al vocabulario el término hinduista como el aceptado para nombrar a los profesantes del hinduismo, sustituyendo con él la acepción religiosa de la palabra hindú. Finalmente, en 2001, hinduista adquiere la definición oficial que conserva hasta hoy.
El uso del término hindú como gentilicio no es adecuado, aún cuando sea aceptado como correcto por nuestra lengua, pues su significado es muy limitado como para representar a toda una cultura. Además, al adoptarse como gentilicio se reforzó otro equívoco de nominación racial: indio para los nativos de América. Es también sabido que no muchos naturales de la India aceptan con agrado ser llamados hindúes, especialmente si no son de tal filiación religiosa. Pero, ¿qué hay del término indio?
La mayoría de los países actuales no conservan el nombre con el que sus propios habitantes solían denominarlos; por el contrario, tienen nombres que les han sido impuestos por culturas ajenas a la suya. Así, llamamos esquimales a los Inuit y España fue nombrada así por los romanos. La India no es la excepción, llevando un nombre de origen persa-árabe. Sin embargo, partiendo de la premisa de que todas las culturas para ser efectiva y rectamente comprendidas deben ser vistas desde sí mismas, concluímos que, si no podemos llamar a cada casta india por su nombre, lo más adecuado es llamar indios en general a los originarios de aquel país, ya que ese es el nombre con el que actualmente se reconocen la mayoría de ellos y el que se acepta más ampliamente.
NOTAS
1      Abreviatura comúnmente usada por el DRAE, significa “úsase también como sustantivo”.
2      Originalmente se le llamó Indias Occidentales sólo a ciertas islas del continente americano, que fueron las primeras tierras americanas descubiertas por los europeos. Más tarde, por extensión, se le llamó así a todo el continente.


jueves, 5 de mayo de 2011

Un poco acerca de... LOS CARACTERES CHINOS


Omar Orihuela
Publicado en el número 2, mayo-junio de 2006

El chino es uno de los idiomas escritos más antiguos, está compuesto por caracteres que generalmente son sílabas con su respectivo significado. El número total de caracteres es un tanto incierto, depende de la fuente que se consulte, pero  en general se puede hablar de hasta 50 mil caracteres, de los cuales solamente 5 mil u 8 mil se usan actualmente. En el uso diario sólo se utilizan alrededor de 3 mil o incluso menos.

Las primeras evidencias de la escritura china, se encuentran en huesos de animales. Es sabido que estos huesos eran oráculos. Los chamanes, sacerdotes o personas santas, escribían en dichos objetos para después ser arrojados al fuego. Las grietas producidas por las llamas en los huesos, así como lo que se había escrito, era interpretado para explicar la vida y el entorno de los antiguos. Desde el principio, la escritura china no sólo era una forma de comunicación, sino una manera de revelar los significados del mundo espiritual.

La escritura china ha evolucionado de los ideogramas (dibujos estilizados que representan objetos o ideas) escritos en los huesos de animales a símbolos de ideas, y ha alcanzado mayor complejidad: ya no dibujos, sino signos que representan ideas. El emperador Qin Shi Huang  (221-206 aC), es el primero que busca sistematizar la escritura china, y es en este periodo, que surge un grupo de personas especializadas, encargadas de elaborar y organizar el sistema de escritura que ha ido evolucionando hasta convertirse en lo que hoy conocemos como la escritura china, compuesta por caracteres. Este grupo de personas, conocidas en idioma chino como “altos oficiales de la corte” o “altos funcionarios” (shidafu, ), fueron llamados por los europeos “mandarines”, un vocablo que se derivó del portugués “mandarim”, que significa ministro o consejero, y que eran muy conocidos sobretodo durante las dinastías Ming (1368-1644) y Qing (1616-1911). Los mandarines, eran expertos pintores, historiadores, administradores y por supuesto, incomparables calígrafos. Para convertirse en un mandarín, era necesario pasar por un riguroso proceso de selección o ser familiar de los integrantes de la corte y demostrar grandes aptitudes, talento y conocimiento.

De aquí que el idioma chino sea conocido también como mandarín, sí bien el término no es erróneo, sí es inexacto y carente de sentido en dicho idioma.
En la tabla 1, se muestra un simple pero ilustrativo ejemplo de la evolución de los caracteres chinos.


En la columna del extremo izquierdo, se observan los caracteres actuales. Si vemos el primer carácter (segundo arriba abajo, primera columna) es el caracter “tigre”, y enseguida (segundo de izquierda a derecha, segunda columna) su ideograma correspondiente a la escritura encontrada en los huesos que se mencionaron al principio.

Siguiendo la primera columna, en orden descendente, se observan también los caracteres para “elefante”, “venado” y “ave”.



La tabla 2, es más sencilla y sólo ilustra la lógica de los caracteres: De ideogramas al principio, evolucionan a símbolos. Los caracteres de la extrema izquierda son los caracteres actuales. En orden descendente: persona, niño, alto y catástrofe.

Es ilustrativa la palabra catástrofe, en el carácter moderno se pueden observar los componentes de “habitación” o “casa”  y “fuego”. Esto sugiere una casa incendiada, o fuego en el hogar, es en realidad una tragedia, una catástrofe, ¿no les parece?

Es clara la dificultad para entender, aprender y memorizar los caracteres del idioma chino. Pero, a través de la práctica y la asociación de trazos con ideas, los caracteres pueden llegar a aprenderse por nosotros que utilizamos alfabetos. Así que no se desanimen. Recordemos que adentrarse en un idioma no sólo es cuestión de palabras o frases, es el encuentro total con otro mundo que enriquece el nuestro.

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Constancia y perseverancia igual a superación, Hiyama Masahiko y el shodô en México

Entrevistado por Fabián Robles
Lunes 25 de septiembre de 2006
Biblioteca Daniel Cossío Villegas de
El Colegio de México

Minutos antes de comenzar la que sería una amena e ilustrativa charla con Hiyama Mashiko (檜山仁彦), quien se ha hecho famoso en la comunidad japonesa de nuestra ciudad por su intachable esfuerzo en la difusión de la caligrafía shodô (書道) llegué a El Colegio de México donde se llevó a cabo una semana cultural sobre Japón entre el 18 y el 25 de septiembre. Frente a la biblioteca se podían ver congregadas a unas 20 personas practicando letras chinas en torno de un risueño personaje y de sus colaboradores, que pincel en mano guiaban a los asistentes sobre la escritura y contaban la historia y significado de cada ideograma

Fabián: Desde la ocasión en que estuvimos en el 
              Politécnico...
Hiyama: ¿Estuviste?
F: Sí. Vi que estaban muy ocupados con el taller de shodô. Nosotros somos de asociación llamada ACIA y nuestros alumnos siempre nos preguntan con mucho interés
–¿dónde puedo aprender caligrafía?–. Y, bueno, ya que en México contamos con una escuela de ese nivel con un maestro de tal grado, queremos presentar esta opción a nuestros alumnos.
H: Aprender shodô desde México es muy difícil. Esto porque hay muy pocos maestros. Por tal razón, desde hace mucho tiempo yo me he visto en dificultades para estudiar shodô en México.
F: ¿Cuántos años lleva estudiándolo?
H: Este es más o menos mi séptimo año.
   En Japón hay muchas escuelas, y hay que mantenerse en comunicación por correspondencia, por correo, con ellas. Nosotros hacemos muchos ejercicios, los enviamos y nos los regresan corregidos. Ese es el sistema con el que he aprendido.
   Yo mismo hago mis prácticas aquí en México y envío mis trabajos a Japón y allá me las corrigen. Entonces me las califican y luego me las mandan de vuelta. De tal modo que puedo saber dónde estoy mal ya que me corrigen con letras rojas. Así, hago el esfuerzo para corregirme y de esta forma con mi propio esfuerzo he ido gradualmente subiendo de nivel. Al mismo tiempo, he ido adquiriendo confianza en mi desempeño y eso me da mucha alegría. Por eso siempre pienso: hay que hacer más y hay que hacer más. Creo que es un buen sistema.
F: ¿De qué escuela se trata?
H: Se llama Shuken (習研), Shuji Kenkyûsha (Asociación para la Investigación y el aprendizaje de las letras, 習字研究社). Es un lugar para enseñar el "camino (arte) de la caligrafía" o shodô. Su sede matriz está en Fukuoka, en la región japonesa de Kyûshû. Ahí es donde se concentran todos los trabajos que envío; ya que hay muchos expertos y ellos son quienes me hacen las correcciones y así me califican. Y me dicen –usted necesita esto o esto–, me califican y me envían de vuelta los trabajos. Al siguiente mes vuelvo a enviar y cada fin de mes mando trabajos. Llevo ya siete años haciéndolo de ese modo.
F: ¿Qué tipo de niveles hay en el shodô?
H: En Judô o Karate hay el sistema de grados o dan () y de categorías o kyû (). Nosotros lo manejamos igual, y empezamos en la octava categoría o (hachi kyû) y vamos avanzando a la séptima categoría, a la quinta, hasta llegar a la primera categoría (ikkyû), de la cual sigue el grado básico (shodan 初段), pero antes se pasa por un pregrado (junshodan 準初段). Luego del shodan sigue el pregrado segundo (jun nidan), y luego el grado dos (nidan), luego el pretercero (junsandan), luego el tercero (sandan), el precuarto, el cuarto, el prequinto y el quinto. Los pregrados están en medio de cada grado nuevo. Al llegar al quinto grado, el nivel ya es muy alto y las personas que quieren especializarse mucho pueden continuar a sexto grado (rokudan), séptimo grado (shichidan) y el octavo grado (hachidan) que es el último.

   F: ¿Cuántos años le ha llevado?
   H: Para el quinto grado tardé más o menos dos años cuatro meses. En el sexto grado debe esforzarse constantemente; ya que si el alumno no reprueba ninguna evaluación mensual se tardará un año. Así está reglamentado. Cada mes hay tareas y al entregarlas debe recibirse mensualmente la aprobación de las doce entregas, de esta manera se recibe el sexto grado. El séptimo grado dura un año y medio, se hacen 18 entregas mensuales y al aprobarlas todas se obtiene el octavo grado. Y el último grado, el octavo dura dos años, 18 meses. En mi caso, para pasar del sexto al octavo me tardé cuatro años y medio. Así es que tengo ya 7 años en esta práctica.
F: ¡Admirable!, seguramente ha practicado todos los días.
H: Todos los días, cuando tengo un tiempo hago mi mejor esfuerzo y practico.
F: ¿Usted está enseñando desde hace 7 años?
H: No, enseño desde que obtuve el octavo grado.
F: ¿Cuántos años ha enseñado?
H: Desde el año pasado o antepasado, casi dos años. Pero desde que abrí el taller (kyôshitsu) han pasado 5 años. Una vez cada dos meses viene de Japón la maestra de la que aprendí a enseñarnos. Con la guía de esta profesora todos hemos podido aprender. Pero desde hace dos años estoy enseñando yo.
F: ¿Quién es su maestra?
H: Taniguchi Nobuko (谷口信子).
Ella es la maestra que desde el principio, hace 7 años, se ha hecho cargo por correspondencia de mi formación, ella me enseñó. Y desde hace 5 años viene a México una vez cada dos meses a enseñarnos, viene cinco veces al año. Ella pone todo su entusiasmo en enseñarnos y ha logrado que todos seamos unos amantes del estudio del shodô. Y el resultado es toda esta obra que esta exhibida aquí.
F: Es una verdadera pasión.
H: Sí, pasión (ríe).
F: Seguramente cuesta mucho dinero y tiempo. Se ve que se requiere de esfuerzo en todo momento.
H: Pues sí, cuando tengo un descanso practico con todo mi entusiasmo. Esto se lleva años y años de escribir y escribir.
   Por otro lado, tenemos cuatro estilos:
   Kaisho
楷書,
   Gyôsho
行書,
   Sôsho
草書,
   Reisho
隷書,
   Al aprenderlos se sigue el mismo orden. En realidad el Reisho fue el primer estilo que se creó en China. Después apareció el Sôsho, luego el Kaisho y finalmente el Gyôsho. (muestra ejemplos de los estilos en la exposición).




F: ¿Estos son todos los estilos del shodô?
H: Bueno, el más temprano de los estilos es el Tensho (篆書), luego vino el Reisho, el Sôsho, el Kaisho y el Gyôsho.
F: Es muy interesante, me parece. La gente que aprende japonés, aprende también las letras, pero no todos los profesores saben tanto sobre la escritura de los kanjis.
H: No siempre pueden pasar muchos años aprendiendo y escribiendo repetidamente. En shodô se escribe todo de un solo golpe y por ello se requiere de toda la concentración y esfuerzo para lograrlo. Hay muchos intentos fallidos. Es un arte y exige lograr toda la concentración.
F: ¿Cuántas personas hay en esta escuela de shodô?
H: Alrededor de 65, ha crecido mucho.
F: ¿De qué países son?
H: Tenemos chinos, coreanos, norteamericanos, alemanes, españoles, por supuesto más de 30 mexicanos y además australianos y también japoneses. Somos internacionales (ríe).
   Todos son realmente buenos, estudian con mucha pasión. Cada quién es diferente en su letra. Aunque sea el mismo tema. Por ejemplo (señala algunos trabajos), el tema es el mismo, pero cada quién tiene diferencias en su escritura.
F: Aprender shodô de una manera tan seria en un lugar tan lejano de Japón tiene un valor muy especial.
H: Así lo creo. Y el carácter de cada una de estas personas se puede ver en su caligrafía. La gente seria, tiene letra seria. Y aunque sea la misma persona la letra también se parece al estado de ánimo.
F: ¿Hay alguna persona en la escuela que haya tenido algún logro extraordinario?
H: Ahora hay dos o tres personas que por supuesto van jalando a los demás. Y van dándoles fuerza para que no se den por vencidos. Siempre están motivando a sus compañeros. Todos están luchando con mucha fuerza.
F: De entre los alumnos, ¿quién tiene el mayor grado?
H: La persona más avanzada ya obtuvo el sexto grado (roku dan). Después vienen los que ya tienen quinto grado, hay 8 personas, ya tienen cinco años practicando, los que ya se graduaron de los cursos normales y que han decidido seguir al sexto grado.

F: ¿Para aprender shodô es necesario tener algún nivel de conocimientos de japonés?
H: Pues hay muchas personas que no saben nada de japonés. Pero lo importante es conocer el significado de cada letra de las que se están escribiendo. Por ello, deben saber que significa cada una. Antes de escribir se les enseña cada carácter del tema que se practicará. Esta es la letra de tal o la letra de tal y se les enseña su historia. Y así es como se estudia.
F: Entonces, ¿aprenden el origen (etimología) de cada kanji?
H: Por supuesto. También hay poemas y les enseñamos lo que significan. Una vez que lo entendieron, entonces lo escriben.
F: Bueno, y algo que yo he notado es que el estilo chino y el estilo japonés de escribir algunos caracteres es algo distinto.
H: Así es. Antiguamente eran iguales pero como había muchos caracteres complicados era muy difícil. Así que los japoneses y los chinos hicieron de manera independientes algunas reformas para facilitarlos.
F: Por ejemplo, el kanji de “nuevo” en japonés no termina en gancho en la parte de abajo, en tanto que en chino sí.
H: Son diferentes.
F: El carácter de “cielo” en japonés tiene la línea de arriba más larga, pero en chino es más corta.
H: Sí, así es. Por eso nosotros aprendimos desde hace muchos años los kanjis de los chinos. Y desde hace mucho hemos sido usuarios de los kanjis. Por eso al escribir ha sido posible la comunicación entre nosotros [los japoneses], los chinos y coreanos. Al hablar es muy difícil, pero al escribir nos entendemos.
F: Es muy interesante. El tema de los kanjis es muy profundo, creo. Además, a lo largo de la historia los kanjis han tenido muchas variaciones.
H: Así es.
F: Durante el siglo XX hubo una reforma en la manera de escribir los kanjis en Japón y luego, con la Revolución Cultural China se dio otra simplificación.
H: Con esas reformas, muchas las letras cambiaron para simplificarse. Antiguamente los kanjis se utilizaban tal cual se recibieron de los chinos. Por eso eran iguales, últimamente es que han cambiado.
F: Creo que los japoneses tienen un buen sistema para enseñar a escribir caracteres.
H: Creo que sí.
F: Finalmente. ¿Qué les diría respecto a los caracteres a las personas que están aprendiendo japonés?
H: Les diría dos palabras: paciencia y continuidad. Sigan y sigan, no se queden a la mitad del camino. Si a medio camino se detienen, no tendrá sentido. Hay que esforzarse constantemente. Aunque se vayan despacio, sigan y sigan. Eso es lo importante. Y dar todo de sí, en especial cuando les den ganas de dejarlo hay que esmerarse. Es necesaria la paciencia.
H: Por ello es necesaria e importante la paciencia y la continuidad. Hay quienes se detienen a medio camino pero; hay también quienes aunque no sean muy buenos, siempre son constantes y su destino es diferente.
F: Siempre es necesario el esfuerzo.
H: Eso es lo importante para llegar a escribir de una manera maravillosa.
F: Muchas gracias.
H: Muchas gracias.







Las fotografías fueron tomadas durante la  exposición que se realizó en la biblioteca de El Colegio de México del 18 al 25 de septiembre de 2006. (Agradecemos las facilidades prestadas para la realización de este trabajo).

Para tener contacto con la escuela Shuken de caligrafía comunícate con Claudia Kato al 5062-7050 ext. 570 o al 04455-3655-2907, o bien dirígete a Avena 629 Col Granjas México.

martes, 3 de mayo de 2011

ATENCIÓN: ESTE SITIO HA COBRADO VIDA

Para todos los que periódicamente han visitado el blog del BOLETÍN ACIA, y para aquellos que llegaron por casualidad y ahora leen estas líneas, les avisamos que ESTE BLOG NO ESTÁ MUERTO. 

Desde sus inicios, el Boletín ACIA ha pasado por diferentes etapas; muchos colaboradores han llegado y se han ido, hemos tenido diferentes formatos y diferencias de opinión. En este tiempo por supuesto han existido también muchas ideas y entusiasmo por parte de los colaboradores. El objetivo siempre ha sido, que este espacio sea la voz de la ACIA; no sólo como institución, sino como un grupo de personas con un interés en común en las lenguas y culturas de Asia.

Después de la aparición del número 23, el comité editorial tuvo que hacer un alto en el camino, y como más vale tarde que nunca, con gusto anunciamos la reanudación de nuestras actividades de difusión cultural en este sitio electrónico. 

Esta nueva etapa incluye nuevos retos. La versión impresa dejará su lugar a un formato electrónico más dinámico en el que las redes sociales podrán tenerlos al tanto de las últimas novedades. Por eso, los invitamos a unirse a nosotros tanto en el Facebook oficial de ACIA  como en Twitter (@Acia_Asociacion) y en el canal de ACIA en YouTube y los invitamos también a comentar todos aquellos contenidos que les muevan a expresar su opinión. Con esto esperamos que este sea un espacio interactivo y de retroalimentación.

Entonces, para comenzar, en esta ocasión hemos hecho una selección de algunos artículos de interés que hemos rescatado de los primeros números. Y continuaremos alternando materiales nuevos y digitalizando los que ya compartimos en papel. Pedimos a los lectores que nos benefician con su preferencia estén pendientes a las publicaciones en los siguientes días.


El staff del Boletín ACIA
Mayo de 2011